Bolivia cambió radicalmente su postura diplomática y votó en contra de una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas que respaldaba la obligación de Israel de permitir y facilitar el trabajo de agencias internacionales en los territorios palestinos ocupados, en lo que representa un giro importante en la política exterior del país andino.
La resolución, aprobada con 139 votos a favor, 19 abstenciones y 12 en contra, buscaba respaldar un fallo de la Corte Internacional de Justicia para garantizar el acceso de ayuda humanitaria, alimentos, atención médica y protección a la población civil en zonas de conflicto. Entre los 12 votos negativos, además de Bolivia, estuvieron Argentina, Estados Unidos, Israel y Hungría.
Este cambio de posición coincide con el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Bolivia e Israel, tras dos años de ruptura por el conflicto en Gaza bajo la presidencia interina de Jeanine Áñez y luego con Luis Arce, cuando el país había criticado duramente las acciones militares israelíes.
El nuevo gobierno de Bolivia, encabezado por el presidente Rodrigo Paz, ha impulsado un giro en la política exterior que busca acercamientos con Israel y otras naciones afines, priorizando intereses económicos como exportaciones, turismo, transferencia tecnológica y cooperación académica.
Analistas internacionales y expertos en relaciones exteriores han señalado que esta votación marca un cambio significativo respecto a la tradicional postura boliviana de respaldo a Palestina en foros multilaterales, y subrayan que podría tener implicaciones duraderas en la región y en la reputación diplomática del país.
El voto boliviano en la ONU ha reavivado el debate sobre el equilibrio entre intereses nacionales y compromisos humanitarios en la arena internacional, en medio de tensiones persistentes por el conflicto en Medio Oriente y la respuesta global a las crisis humanitarias que de él derivan.




