Lejos de defender la autodeterminación de los pueblos, José Antonio Kast y Javier Milei actúan como auténticos cipayos, repitiendo sin pudor el guion de Donald Trump y la política exterior de Washington. Desde Buenos Aires, ambos dirigentes dejaron claro que su proyecto para América Latina no pasa por el diálogo ni la integración regional, sino por la obediencia automática a los intereses del imperio.
Las declaraciones de Kast, avalando “cualquier situación” que termine con el gobierno venezolano, revelan el verdadero rostro de esta ultraderecha: una derecha entreguista, dispuesta a justificar invasiones, bloqueos o guerras ajenas con tal de congraciarse con el poder estadounidense. No se trata de democracia ni de derechos humanos, sino de alinearse con quien manda desde el norte.
Milei, por su parte, funge como anfitrión y vocero regional del trumpismo, promoviendo una agenda que ha empobrecido a millones y que hoy pretende exportar caos bajo el disfraz de “libertad”. Ambos personajes coinciden en algo esencial: desprecian la soberanía latinoamericana y ven a sus propios países como piezas menores en un tablero controlado por Estados Unidos.
Esta reunión no representa a los pueblos de América Latina, sino a una élite política subordinada, incapaz de construir soluciones propias y obsesionada con complacer a Trump. Lo que ofrecen no es futuro ni estabilidad, sino sumisión, confrontación y retroceso histórico.


