Bajo la presidencia de Donald Trump, 2025 se convirtió en un año clave para la impunidad del crimen de cuello blanco, con indultos y conmutaciones de pena que beneficiaron a financieros, empresarios y políticos condenados por fraude, corrupción y lavado de dinero, advierte el periodista Casey Michel.
Uno de los casos más simbólicos fue el indulto a Changpeng Zhao, fundador de Binance, quien se había declarado culpable de lavado de dinero por permitir que su plataforma fuera utilizada para financiar organizaciones extremistas. Pese a la multa récord impuesta a la empresa, la Casa Blanca minimizó los hechos calificándolos como delitos “sin víctimas”.
El mismo patrón se repitió con Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras, condenado en Estados Unidos por facilitar el tráfico masivo de cocaína. Su liberación anuló uno de los golpes más importantes contra el narcotráfico y evidenció cómo el poder presidencial puede revertir sentencias históricas.
Además de empresarios y exmandatarios, Trump benefició a políticos condenados por sobornos, extorsión y corrupción, debilitando la rendición de cuentas y enviando un mensaje claro: la lealtad política puede borrar condenas. Así, lejos de combatir el crimen, la administración Trump consolidó una ola delictiva de cuello blanco.




