Ciudad de México a 25 enero, 2026, 6: 04 hora del centro.
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Dirigente del PRI en Michoacán reparte mochilas con caguamas a diputados locales

En una muestra más de la descomposición política del PRI, el dirigente estatal del tricolor en Michoacán y diputado local, Guillermo Valencia, convirtió el Congreso del estado en una extensión de una posada partidista al repartir mochilas con caguamas y botanas entre legisladores, utilizando un recinto público para promover símbolos e inercias que la ciudadanía ha repudiado durante años.

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El episodio ocurre en un contexto crítico para Michoacán, marcado por violencia persistente, pobreza estructural y un profundo desgaste de la clase política, frente al cual el PRI optó por la banalización, el espectáculo y el alcohol como mensaje político.

Lejos de mostrar autocrítica o responsabilidad institucional, Valencia difundió en sus redes sociales un video en el que presume la entrega de mochilas rojas con el logotipo del PRI, repartidas no solo a diputados priistas, sino también a legisladores de otros partidos, en un intento burdo de normalizar prácticas que simbolizan el viejo régimen.

“Las memochilas pintaron de rojo el Congreso de Michoacán”, escribió el propio diputado, celebrando lo que para amplios sectores representa una ofensa al carácter republicano del Poder Legislativo.

Caguamas, propaganda y frivolidad en el Poder Legislativo

El contenido de los regalos evidenció el nivel de frivolidad del acto: cada mochila incluía tres caguamas, además de botanas, todo cuidadosamente empacado como si se tratara de un kit festivo, mientras el estado enfrenta problemas urgentes que exigen atención legislativa seria.

En el video, Valencia justifica el obsequio como un regalo navideño y bromea sobre el estado de las bebidas, normalizando el consumo de alcohol dentro de un Congreso que debería ser espacio de deliberación pública, no de promoción partidista ni de camaradería irresponsable.

El PRI, anclado al pasado

Las críticas en redes sociales fueron inmediatas. Usuarios señalaron que este tipo de acciones explican por qué el PRI sigue perdiendo respaldo social, al mostrarse incapaz de entender el hartazgo ciudadano frente a prácticas que recuerdan a los peores excesos del pasado: uso político de instituciones, culto al compadrazgo y desprecio por la ética pública.

Para muchos, el episodio confirma que el tricolor no ha aprendido nada, y que su dirigencia continúa apostando por gestos vacíos y provocaciones mediáticas en lugar de asumir su responsabilidad histórica frente al daño causado durante décadas de mal gobierno.

Mientras Michoacán exige soluciones reales y representación digna, el PRI responde con caguamas, mochilas y nostalgia de un régimen que la mayoría de la sociedad ya decidió dejar atrás.

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