El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó este lunes que Estados Unidos llevó a cabo lo que sería el primer ataque terrestre contra un objetivo en suelo venezolano, al afirmar que fuerzas estadounidenses destruyeron un muelle en Venezuela donde, según él, se cargaban embarcaciones con droga.
Trump describió el hecho como parte de su amplia campaña de presión contra el gobierno de Nicolás Maduro, afirmando: “hubo una gran explosión en el área del muelle… esa zona ya no existe”, sin proporcionar pruebas independientes ni datos verificables sobre la existencia de instalaciones de narcotráfico ni la participación de fuerzas venezolanas en actividades ilícitas.
A pesar de presentar este ataque como una acción contra el narcotráfico, Trump no aclaró si la operación fue realizada por el Ejército estadounidense o por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), y tampoco identificó con precisión el lugar del ataque.
Esta escalada llega en medio de una serie de acciones militares de Washington en la región, que incluyen decenas de ataques contra embarcaciones en el Caribe y el Pacífico que Estados Unidos ha vinculado al tráfico de drogas, dejando más de 100 personas muertas desde septiembre pasado, según reportes internacionales.
El gobierno venezolano, por su parte, niega categóricamente que exista participación oficial en narcotráfico y ha denunciado estas acciones como parte de una campaña destinada a desestabilizar la soberanía venezolana y justificar la injerencia estadounidense en América Latina. Maduro y otros líderes regionales han señalado que la política de Washington responde a intereses geopolíticos y económicos, incluidos los recursos energéticos del país sudamericano.
La ofensiva de Estados Unidos en Venezuela, que ahora incluye ataques en tierra, pone en cuestión el respeto al derecho internacional y la soberanía de los Estados, y abre un nuevo capítulo de tensiones que puede tener consecuencias más amplias para la estabilidad regional en América Latina.




