Ciudad de México a 24 enero, 2026, 23: 25 hora del centro.
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Gaza llega al final de 2025 marcada por la devastación y la espera de un nuevo comienzo

Al finalizar 2025, la franja de Gaza recibe el Año Nuevo exhausta, herida y aferrada a una esperanza frágil. Para la población palestina, la vida cotidiana se ha reducido a una lucha permanente por la supervivencia en un territorio devastado por dos años de combates iniciados tras el ataque de Hamás contra Israel en octubre de 2023.

Gran parte de la infraestructura yace en ruinas. La electricidad continúa siendo escasa, el acceso al agua potable es limitado y cientos de miles de personas sobreviven en tiendas improvisadas tras haber sido desplazadas una y otra vez. Lo que antes fueron barrios llenos de vida hoy son extensiones de escombros, atravesadas por campamentos de desplazados y una actividad reducida a lo estrictamente esencial.

“En la franja de Gaza vivimos una pesadilla interminable”, relata Hanaa Abu Amra, desplazada en la ciudad de Gaza. “Esperamos que esta pesadilla termine en 2026. Lo mínimo que podemos pedir es una vida normal: que se restablezca la electricidad y que las calles vuelvan a la normalidad”, dice.

Las escenas de penuria se repiten en todo el territorio. Niños forman largas filas con recipientes de plástico para recolectar agua, mientras familias enteras intentan resguardarse del frío en campamentos improvisados levantados en calles y espacios abiertos. La guerra no solo destruyó viviendas, sino también medios de vida y comunidades enteras.

El cierre del año es, para muchos, un momento de duelo y de resistencia. En la ciudad de Gaza, un adolescente pintó “2026” en su tienda, mientras en Deir el Balah, en el centro del enclave, un artista local esculpía el mismo número en la arena, como símbolo de un futuro que aún no llega.

“Nos despedimos de 2025 con profunda tristeza y dolor”, expresa Shireen Al Kayali. “Perdimos a mucha gente y nuestras pertenencias. Vivimos una vida difícil y dura, desplazados de una ciudad a otra, bajo los bombardeos y en el terror”.

Su testimonio refleja la experiencia de miles de gazatíes obligados a huir sin previo aviso, cargando apenas con lo indispensable. El conflicto desarraigó a generaciones enteras y dejó una huella profunda en la vida social del enclave.

Aun así, la esperanza persiste como un acto de resiliencia. La tregua que entró en vigor el pasado 10 de octubre, y que redujo en gran medida los enfrentamientos, alimentó la expectativa de que el nuevo año pueda abrir una ventana hacia la reconstrucción.

“Todavía esperamos una vida mejor en 2026. Hago un llamado al mundo libre para que ayude a nuestro pueblo oprimido”, señala Khaled Abdel Majid, de 50 años, residente en una tienda del campamento de Jabalia. En la misma línea, Faten al Hindawi confía en que el alto al fuego marque el final del conflicto. “Nos despediremos de 2025 dejando atrás su dolor, y esperamos que 2026 sea un año de esperanza, oración y determinación”, afirma.

Las agencias humanitarias, sin embargo, advierten que la situación sigue siendo crítica. Persisten graves carencias de alimentos, agua potable y suministros médicos, mientras el invierno agrava las condiciones de vida en los abarrotados campamentos de desplazados.

Entre ruinas y tiendas, las aspiraciones de muchos habitantes de Gaza son tan sencillas como urgentes: seguridad, estabilidad y dignidad. En un territorio marcado por la devastación, la esperanza de 2026 no es grandilocuente, pero sí profundamente humana.

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