En redes sociales se ha intentado construir un nuevo “héroe” para la derecha más reaccionaria de México. Se trata de Roberto Quijano, un personaje que se presenta como “promotor del sector industrial de Norteamérica” y que recientemente fue celebrado por la fachiza tras grabar al senador Gerardo Fernández Noroña en Roma. Sin embargo, lejos de tratarse de un ciudadano preocupado o un analista serio, lo que revelan sus propias palabras es el perfil de un abierto vendepatria, seguidor de Donald Trump y promotor explícito de una agresión militar contra México.
Quijano no solo expresa simpatía por la extrema derecha estadounidense, sino que ha ido mucho más lejos al publicar mensajes en los que avala sin tapujos una intervención armada extranjera en territorio nacional. En uno de sus tuits más graves, afirma que Trump “puede hacer lo que quiera con México”, incluyendo “tomar por asalto Palacio Nacional”, “bombardear puntos estratégicos en Sinaloa” y “confiscar los activos de Pemex”, rematando con consignas como “Viva Norteamérica” y “Abajo el régimen de Ciudad de México”.
Trump puede hacer lo que quiera con Méjico. Tomar por asalto Palacio Nacional. Bombardear puntos estratégicos en Sinaloa. Confiscar los activos de Pemex. En la frontera estamos listos. Viva Norteamérica. Abajo el régimen de Ciudad de Méjico.
— Roberto Quijano (@RobertoQuijanoL) January 3, 2026
No se trata de una provocación menor ni de una simple opinión polémica: es una apología directa de la violencia, del saqueo y de la pérdida de soberanía nacional. Es la verbalización cruda de un pensamiento colonial que concibe a México como territorio subordinado, administrable y expendable, siempre y cuando satisfaga los intereses de Washington y de las élites económicas transnacionales.
La paradoja es reveladora: quienes se rasgan las vestiduras hablando de “patriotismo”, “orden” y “ley” son los mismos que hoy celebran a un personaje que llama abiertamente a bombardear su propio país y a entregar los recursos estratégicos de la nación a una potencia extranjera. Esa es la verdadera cara de la ultraderecha: sumisión hacia afuera, desprecio hacia adentro.
Pero el discurso de Quijano no se limita al entreguismo. En otro mensaje publicado en redes, despliega una narrativa clasista y xenófoba al referirse a migrantes en Europa, estableciendo jerarquías raciales y sociales sobre quiénes considera “infraclase”, reproduciendo estigmas y prejuicios propios de la extrema derecha global. Es el mismo lenguaje que normaliza la exclusión, el desprecio al otro y la criminalización del migrante, siempre desde una supuesta superioridad moral y cultural.
Estuve en Florencia hace unos días. No noté congregaciones de migrantes maleantes como París o Londres. Los vi más en Bolonia. De hecho he escuchado poco árabe. La verdadera infraclase en Italia son bangladesíes. Pero no representan una amenaza delictiva. https://t.co/3mcSqGbEBx
— Roberto Quijano (@RobertoQuijanoL) January 2, 2026
Que este personaje sea hoy exaltado por sectores de la derecha mexicana no es casualidad. Representa fielmente una corriente política que ha renunciado a cualquier noción de soberanía, dignidad nacional o interés público, y que ve con buenos ojos la intervención extranjera si esta sirve para derrotar a gobiernos que no se alinean con su proyecto ideológico.
El caso de Roberto Quijano es una advertencia clara: detrás del discurso de “libertad” y “democracia” que enarbola la fachiza, se esconde un profundo desprecio por México como nación independiente. Celebrar a quienes llaman a bombardear el país no es crítica política: es traición abierta. Y frente a eso, no hay ambigüedad posible.




