Ciudad de México a 25 enero, 2026, 2: 49 hora del centro.
Ciudad de México a 25 enero, 2026, 2: 49 hora del centro.

Pleito entre Máynez y Alito exhibe la falta de rumbo de la oposición

Mientras el país discute seguridad, desarrollo y política exterior con seriedad institucional, la oposición volvió a exhibirse en redes sociales. Esta vez, el intercambio fue entre Jorge Álvarez Máynez, dirigente de Movimiento Ciudadano, y Alejandro “Alito” Moreno, presidente del PRI, en una disputa cargada de insultos, acusaciones cruzadas y muy poca autoridad moral.

Álvarez Máynez acusó a Morena de guardar silencio frente al autoritarismo en Venezuela, intentando colocarse como voz democrática. Sin embargo, el señalamiento pierde fuerza viniendo de un partido que durante años jugó a la ambigüedad, negoció con el poder cuando le convenía y evitó confrontaciones reales mientras presumía ser “la nueva política”.

La respuesta de Alito Moreno no fue un argumento, sino una descalificación personal cargada de insultos. El dirigente priista, cuyo partido gobernó México durante décadas marcadas por autoritarismo, corrupción y represión, intentó presentarse como defensor de la democracia, pese a cargar con un historial que incluye escándalos, derrotas electorales y un profundo rechazo ciudadano.

En el fondo, el intercambio deja claro algo: ninguno de los dos tiene autoridad para erigirse como juez democrático. Movimiento Ciudadano habla de libertades mientras gobierna estados con crisis graves de violencia y desapariciones; el PRI acusa pactos ajenos cuando su propia historia está llena de acuerdos en lo oscuro y silencios cómplices.

Frente a este espectáculo, el contraste es evidente. El gobierno federal ha fijado una postura clara: México no interviene en asuntos internos de otros países y defiende la autodeterminación de los pueblos, una línea sostenida desde el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador y reafirmada por la Presidenta Claudia Sheinbaum, sin gritos ni oportunismo.

Mientras unos convierten la política exterior en pretexto para pelear en X y otros recurren al insulto como estrategia, el gobierno de Morena mantiene una posición institucional, reconocible y coherente, enfocada en gobernar y no en simular superioridad moral.

Al final, la pelea entre Máynez y Alito no fortalece la democracia ni aclara el debate internacional: solo confirma que gran parte de la oposición sigue atrapada en el pasado, en el ego y en el ruido, mientras el país avanza por otro carril.

Etiquetas

Facebook
Twitter
LinkedIn