Lo que parecía un recuerdo amable de Hollywood, Rob Schneider, conocido por películas como “Este cuerpo no es mío”, ha mostrado un giro preocupante en su postura pública. El actor, que alguna vez se presentó como un admirador de México, ahora se ha declarado abiertamente pro Donald Trump y crítico de las vacunas, sumándose al discurso más radical del ala conservadora estadounidense.
La polémica se intensificó luego de que Schneider justificara públicamente el asesinato de Renee Nicole Good, ciudadana estadounidense, a manos de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), un hecho que ha generado indignación y rechazo en amplios sectores de la sociedad. Su postura, más allá de polémica, refleja la deriva de figuras públicas que antes tenían un perfil neutral o incluso cercano a México, y que hoy se alinean con políticas extremas que afectan a comunidades vulnerables.
Este cambio no es aislado: Rob Schneider se suma a la lista de celebridades que han transitado de la comedia ligera y el entretenimiento a la defensa de posturas radicales y divisivas, poniendo en evidencia cómo la influencia de figuras mediáticas puede ser usada para legitimar discursos de odio y justificar actos violentos.
El contraste es evidente: del humor inocente de sus películas, Schneider ahora se posiciona del lado de políticas que violan derechos humanos y cuestionan la ética de las autoridades migratorias en Estados Unidos. La transformación de su imagen plantea preguntas sobre la responsabilidad de los artistas en el debate público y la manera en que sus opiniones repercuten en la percepción de la sociedad sobre hechos tan graves como el asesinato de Renee Nicole Good.




