Ciudad de México a 9 febrero, 2026, 17: 29 hora del centro.
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Gracias 4T: durante 2025 se redujó aún más la pobreza y creció la clase media en México

Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) sobre la inflación en 2025 confirman algo que la oposición se empeña en negar: México ya no es el país de salarios de miseria y pobreza masiva que dejaron los gobiernos neoliberales. Hoy, gracias a la Cuarta Transformación, hay menos pobres y una clase media más amplia, con mayor capacidad de consumo y, por tanto, mayor exposición a ciertos servicios.

El Índice Nacional de Precios al Consumidor cerró 2025 con una inflación anual de 3.69%, una cifra positiva en un contexto internacional marcado por guerras, disrupciones logísticas y presiones externas. Sin embargo, el dato más relevante no es el promedio nacional, sino cómo se distribuyó el impacto inflacionario entre los distintos niveles de ingreso.

Paradójicamente —y de manera reveladora—, el grupo que más resintió el aumento de precios fue el de quienes perciben entre tres y seis salarios mínimos, es decir, la clase media. En este segmento, la inflación alcanzó 3.87% anual, por encima de la media nacional. Esto no es señal de empobrecimiento, sino exactamente lo contrario: es la huella estadística de una sociedad con más personas integradas al consumo de servicios.

Los mayores incrementos se registraron en restaurantes, servicios de alojamiento, educación, cuidado personal y salud. Todos ellos rubros asociados al consumo de una población que ya no vive al día, que puede pagar estudios, acudir a servicios médicos privados o salir a comer fuera. En el México del pasado neoliberal, ese consumo era privilegio de una élite; hoy es parte de la vida cotidiana de millones.

El contraste es aún más claro al observar lo ocurrido con el sector más vulnerable. Los hogares que perciben hasta un salario mínimo registraron una inflación de apenas 2.95%, muy por debajo del promedio nacional. Más aún: la inflación en alimentos y bebidas no alcohólicas para este grupo fue de solo 1.24%, un dato clave si se considera que estos hogares destinan hasta 51% de su gasto a comida.

Esto no es casualidad. Es resultado directo de la política económica de la 4T: aumento histórico del salario mínimo, control de precios en energéticos, fortalecimiento del mercado interno y programas sociales universales que blindaron el consumo básico frente a choques externos. Mientras antes la inflación golpeaba con más fuerza a los más pobres, hoy ocurre lo contrario.

Incluso en los hogares con ingresos superiores a seis salarios mínimos, la inflación se mantuvo prácticamente en línea con el promedio nacional (3.67%), confirmando que no hubo un traslado desmedido de presiones inflacionarias hacia los extremos, sino una recomposición del consumo en el centro de la pirámide social.

El componente no subyacente de la inflación —el más volátil— ayudó a contener los precios, mitigando presiones externas que en otros países derivaron en crisis de costo de vida. Esto muestra una conducción macroeconómica responsable, sin recetas de austeridad salvaje ni endeudamiento descontrolado.

En síntesis, los datos del Inegi no cuentan la historia de un país empobrecido, sino la de un México que cambió su estructura social. Hoy hay menos personas atrapadas en la pobreza extrema y más ciudadanos formando parte de una clase media que consume, exige y participa. Esa es, guste o no a la derecha, una de las transformaciones más profundas que dejó la Cuarta Transformación.

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