Ciudad de México a 16 febrero, 2026, 8: 17 hora del centro.
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El metro no llegó: Samuel García, el mundial y las promesas incumplidas

A menos de un año del Mundial de Futbol, la realidad terminó por alcanzar al discurso de Samuel García. Aquello que el gobernador de Nuevo León prometió una y otra vez —un Metro moderno, funcional y listo antes del Mundial para recibir a millones de visitantes— hoy se desmorona incluso entre los propios actores económicos del estado. Ya no es la oposición ni la crítica política: ahora es la Caintra quien reconoce abiertamente que el Metro no estará listo y que el Mundial no debe ser el pretexto para justificar retrasos, improvisación y promesas incumplidas.

Jorge Santos Reyna, presidente de Caintra Nuevo León, fue claro al señalar que, aunque respetan el evento deportivo, éste no debería ser la motivación para concluir el Metro. La declaración es reveladora, porque desnuda el fondo del problema: el gobierno estatal no logró cumplir lo que vendió como uno de sus grandes proyectos insignia y hoy busca refugiarse en el Mundial para maquillar un fracaso de planeación y ejecución.

Samuel García aseguró reiteradamente que las Líneas 4 y 6 del Metro estarían listas antes del Mundial de Futbol, permitiendo que visitantes extranjeros se trasladaran directamente del Aeropuerto al Estadio de Rayados. Esa promesa fue usada como bandera política, como símbolo de modernidad y como prueba de que Nuevo León “volaba alto”. Hoy, esa narrativa se cae por su propio peso. Las obras no avanzaron al ritmo prometido y la expectativa creada por el propio gobernador quedó lejos de la realidad.

El mensaje de Caintra es contundente: el Metro no puede depender de un evento internacional para justificarse, porque es una necesidad cotidiana para millones de regiomontanos que enfrentan todos los días traslados largos, tráfico colapsado y transporte insuficiente. Lo que implícitamente reconoce el organismo empresarial es que el gobierno estatal falló en priorizar el bienestar permanente de la población y apostó más por el escaparate mediático que por la solución estructural.

Este episodio expone una constante del gobierno de Samuel García: mucha narrativa, mucho video, mucho marketing, pero resultados que no llegan. El Mundial fue utilizado como gancho político, como promesa de grandeza, pero hoy se confirma que no hubo capacidad para cumplir lo ofrecido. Y cuando la realidad alcanza al discurso, ni siquiera los aliados económicos pueden sostener la ficción.

El Metro de Nuevo León no debía ser un proyecto para turistas ni para cámaras internacionales; debía ser una solución para la gente. El problema es que, al no cumplir, el gobierno estatal deja claro que el Mundial fue más propaganda que planeación. Y cuando ni siquiera el sector empresarial respalda el relato oficial, queda una pregunta incómoda flotando en el aire: si no pudieron cumplir antes del Mundial, ¿qué garantiza que cumplirán después?

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