El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, instó este martes a los manifestantes iraníes a “tomar el control” de las instituciones del régimen y aseguró que “la ayuda está en camino”, en lo que representa el lenguaje más directo de un mandatario estadounidense frente a la crisis política y social que atraviesa Irán.
El mensaje fue interpretado por el senador republicano Lindsey Graham como una referencia a una posible escalada de acciones militares, cibernéticas y psicológicas contra el gobierno iraní. En paralelo, Trump anunció la cancelación de todas las reuniones con funcionarios iraníes y advirtió que los responsables de la represión contra la población civil “pagarán un gran precio”.
La postura de la Casa Blanca se endurece en un contexto de creciente violencia interna en Irán. Un funcionario del propio régimen reconoció que cerca de 2.000 personas han muerto durante las protestas, lo que constituye la primera admisión oficial de un número elevado de víctimas tras más de dos semanas de represión intensa.
Sin embargo, organizaciones internacionales de derechos humanos sostienen que la cifra oficial subestima la magnitud real de la crisis. De acuerdo con sus registros, al menos 648 muertes han sido verificadas, aunque advierten que el número total podría superar las 6.000 personas debido a las dificultades para documentar los casos y a las restricciones informativas impuestas por las autoridades iraníes.
Además, se reporta la detención de más de 10.000 manifestantes, mientras que el poder judicial iraní anunció la imputación del delito de “moharebeh” —enemistad contra Dios—, una acusación que puede derivar en penas de muerte, lo que ha encendido alertas a nivel internacional.
La escalada verbal de Trump, sumada al deterioro de la situación humanitaria y de derechos humanos en Irán, aumenta la tensión geopolítica y reaviva el debate sobre una posible intervención externa, en un escenario marcado por la represión interna y la presión internacional creciente sobre el régimen iraní.


