Los llamados a boicotear la Copa Mundial de la FIFA 2026 cobraron fuerza en Estados Unidos y otras partes del mundo ante las controvertidas políticas del gobierno de Donald Trump, que han generado preocupación entre aficionados por la seguridad y los derechos civiles de visitantes y participantes del torneo.
Miles de seguidores del fútbol han expresado su indignación y han promovido iniciativas en redes sociales y foros para cancelar sus entradas o incluso pedir a la FIFA que reconsidere la realización de la Copa en Estados Unidos. Estos movimientos señalan que las políticas migratorias y de control interno del país anfitrión, como las acciones del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE), han llevado a deportaciones y restricciones que ponen en riesgo la seguridad de aficionados extranjeros y residentes legales.
Grupos organizados han creado plataformas como BoycottUSA2026.org para visibilizar lo que califican como contradicciones entre los valores del deporte y las prácticas del gobierno estadounidense, argumentando que la celebración de un evento global debería priorizar la seguridad y los derechos de quienes asisten. El diplomático Mohamad Safa, entre otros, anunció que canceló sus planes de asistir al Mundial debido al temor de ser detenido sin cargos bajo las políticas migratorias actuales.
La controversia no se limita a los aficionados: sectores de la comunidad internacional han cuestionado la neutralidad de la FIFA ante estos llamados y exigido que el organismo internacional actúe para proteger el espíritu inclusivo del torneo frente a tensiones políticas que amenazan empañar el evento deportivo más importante del mundo.


