La ofensiva del presidente Nayib Bukele contra las pandillas ha reducido la violencia al encarcelar a unas 91 mil personas, pero ha dejado un saldo preocupante: miles de niños han quedado relegados a la pobreza, estigmatizados o traumatizados al ser separados de sus padres, muchos de ellos inocentes, según grupos de derechos humanos.
Entre ellos está Jade, de 16 años, quien desde que su padre fue detenido en agosto de 2023 trabaja en la granja de su abuela en El Rosario, 50 kilómetros al este de San Salvador, y debe soportar burlas de sus compañeros de escuela que lo llaman criminal. Su hermano de 13 años comparte la misma situación. Sobreviven con remesas enviadas por su madre en Estados Unidos y los ingresos de la pequeña granja que mantienen.
“Siempre hay personas que me mencionan que mi papi es un delincuente. Mi papi es inocente”, relata Jade a la AFP.
Según la ONG Cristosal, unos 62 mil menores de 15 años podrían haber sufrido alguna forma de abandono debido a las políticas de mano dura de Bukele, que incluyen un estado de excepción que permite arrestos sin orden judicial desde 2022.
Crisis silenciosa
Cristosal y otras organizaciones denuncian detenciones arbitrarias y torturas bajo el régimen de excepción. El gobierno lo rechaza, aunque reconoce que unas 8 mil personas han sido liberadas por falta de pruebas.
El estigma para niños como Jade es tan grande que planea cambiarse de colegio para “comenzar de cero” y alejarse de los comentarios que lo señalan por los supuestos delitos de su padre.
Otros menores, separados de uno o ambos padres, abandonan la escuela para trabajar y ayudar al sustento de familiares pobres, según Cristosal. La ONG advierte que esta crisis silenciosa tendrá un impacto duradero en las próximas décadas.
El gobierno, a través de Conapina, asegura brindar atención psicológica y emocional a los hijos de presos y apoyo a las familias que los cuidan. Sin embargo, en algunos casos señala que los padres vinculados a pandillas eran “los principales responsables de la vulneración de derechos de sus hijos”.
“Me quitaron la infancia”
Los gemelos Carmen y Manuel, de 17 y 16 años, vivieron un vuelco en junio de 2022 cuando su padre fue detenido. Desde entonces, ambos contribuyen al sustento de sus tres hermanos: Carmen limpiando casas y cuidando mascotas, y Manuel trabajando como albañil.
“Me tocó madurar demasiado rápido, me quitaron la infancia”, afirma Carmen, quien pese a todo finalizó su bachillerato con honores y confía en que su padre será liberado.
Pero para muchos niños, la posibilidad de reunirse con sus padres no existe. Entre 2022 y 2024, Cristosal reporta que casi 180 menores perdieron a uno de sus padres mientras estaban presos, y la ONG Socorro Jurídico contabiliza 470 fallecimientos en prisión bajo el régimen de excepción.


