Estados Unidos oficializó su salida de la Organización Mundial de la Salud (OMS) un año después de que Donald Trump anunciara su intención de abandonar el organismo, dejando un saldo pendiente de más de 133 millones de dólares en cuotas no pagadas. La medida ha encendido alertas entre expertos, quienes advierten que esta decisión podría paralizar iniciativas clave de salud global, como la erradicación de la polio y los programas de salud materna e infantil.
Funcionarios estadounidenses aseguraron que mantendrán cooperación directa con otros países, pero reconocen que no han resuelto problemas críticos, como el acceso a información global para detectar nuevas pandemias. Especialistas como Lawrence Gostin, de la Universidad de Georgetown, calificaron la medida como “la decisión presidencial más desastrosa que haya visto”, pues limita la capacidad de EE.UU. para desarrollar vacunas y medicamentos ante nuevas amenazas virales.
Además del impacto sanitario, el retiro refleja un patrón de negación de responsabilidades financieras, ya que Estados Unidos no cubrió sus contribuciones correspondientes a 2024 y 2025, a pesar de ser uno de los principales donantes de la OMS desde su creación en 1948. Analistas aseguran que esta salida unilateral y sin pago de cuotas pone en riesgo la colaboración internacional y deja en evidencia la prioridad de Trump por intereses políticos y económicos sobre la salud global.


