El Gobierno de Cuba denunció con firmeza este jueves la decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de imponer aranceles adicionales a cualquier país que venda o suministre petróleo a la isla, calificando la medida como un “acto de agresión” diseñado para profundizar la crisis económica que atraviesa la nación caribeña.
La orden ejecutiva firmada por Trump autoriza que, a partir del 30 de enero de 2026, se pueda aplicar un gravamen adicional a las importaciones de bienes procedentes de países que directa o indirectamente proporcionen petróleo a Cuba. El argumento oficial de la Casa Blanca es que la situación cubana representa “una amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos.
El ministro de Relaciones Exteriores cubano, Bruno Rodríguez, condenó la medida en redes sociales, afirmando que Washington recurre al chantaje y a la coerción para presionar a otros países y sumarlos a lo que describió como una política de bloqueo “universalmente condenada”. Rodríguez calificó la acción de “brutal acto de agresión” contra el pueblo cubano y sus aliados, al tiempo que acusó a Estados Unidos de intentar imponer un “bloqueo total a los suministros de combustible” hacia la isla.
La reacción de La Habana se produce en un contexto de profunda crisis energética, agravada por el cese de envíos de crudo desde Venezuela tras una operación militar estadounidense que terminó con la captura del expresidente Nicolás Maduro. Ante ese escenario, países como México habían asumido un papel clave como proveedores de petróleo para Cuba, aunque recientemente se reportó que Pemex suspendió temporalmente algunos envíos, alegando motivos contractuales y no presión política.
El anuncio de Trump ha generado inquietud en la región, pues las sanciones podrían impactar no solo a Cuba, sino también a gobiernos que mantienen relaciones energéticas o humanitarias con la isla. Desde la perspectiva cubana, la medida no solo intensifica el embargo histórico que mantiene Estados Unidos desde hace décadas, sino que además busca forzar un cambio político en el país mediante la asfixia económica.
Hasta ahora, diversos países y organismos internacionales no han emitido una postura conjunta sobre la arremetida arancelaria, aunque la respuesta de Cuba evidencia el riesgo de una escalada en las tensiones diplomáticas en el continente ante una política cada vez más agresiva de la administración estadounidense hacia sus rivales ideológicos y estratégicos.


