Los jóvenes y el fin de la política simulada

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Los jóvenes y el fin de la política simulada

Por Alfonso Flores Durón | jueves, 26 de septiembre del 2019.

A buena parte de los jóvenes universitarios del país se les forma políticamente en la simulación. Y en esto, lamentablemente, hay poca distinción entre círculos de universidades públicas o privadas.

¿Qué le ofrece la academia a un joven que, recién ingresado en la universidad, muestra interés en aquello que entiende por política?

Le ofrecerá simulación. Lo invitarán a cosas llamadas "Parlamentos juveniles", en donde jugará a ser político por un día, presumirá su traje más sedoso y el peinado más engominado para poder subir muchas fotos a Facebook posando desde la tribuna como su senador favorito lo hubiera hecho

Lo invitarán a concursos de oratoria y de debate, en donde le enseñarán que el buen político es aquel que habla más bonito, que mueve mucho las manos y se desenvuelve como estrella frente al público.

Le enseñarán que la política son apariencias. Que entre más fantoche seas, más lejos llegarás. Que entre más simules, más listo estás para colarte. ¿Los ideales? Esos no vienen en el manual del joven político exitoso.

Es urgente cambiar la noción de lo público que tienen las generaciones que vienen, especialmente aquellas a las que les ha tocado vivir la transformación nacional. Hay que formas generaciones de jóvenes estudiantes patriotas y con dimensión social. Que entiendan que hacer política es estar en las calles con la gente, pues sólo así se podrá conocer la realidad que se busca transformar.

Que ya se acabaron los tiempos donde el fin último de la política era tener cargos y satisfacer intereses personales. En los tiempos de la cuarta transformación de la vida pública de México, ser joven implica el compromiso ético de empujar los cambios que el pueblo y su gobierno están llevando a cabo. Trabajar en beneficio de la gente y de las causas justas que demanden.

Que nunca más ser político joven signifique estar encerrado entre cuatro paredes, en juntas con trajeados como tú, en desayunos en hoteles de Polanco, en foros en donde siempre se discuten los mismos temas, entre la misma gente, pero sin bajar a la acción en las calles. Sin capacidad de transformar la realidad. Eso no es política: es vulgar politiquería que satisface egos.

Un político que no está constantemente recogiendo los sentimientos del pueblo es un pobre político. Uno muy mediocre.

Lo dijo hace unas semanas el presidente López Obrador: "sin ideales, principios, y sin tenerle amor al pueblo, no se puede llevar a cabo el oficio de la política".

Acabar con el neoliberalismo implica también combatirlo culturalmente en cada lugar en donde logró impregnarse. Pero quizás abarque mucha mayor importancia hacerlo en aquellos espacios en donde está en juego la formación política y social de los jóvenes. De quienes, en muy poco tiempo, estarán tomando el relevo generacional para, a su vez, continuar y ampliar el legado ético y político que les deje la cuarta transformación. Una transformación que les ha devuelto las oportunidades de desarrollo. Que les ha devuelto la dignidad y el horizonte de un futuro próspero. Y que sean ellos quienes se encarguen de que nunca más regresen quienes les arrebataron todo eso. Quienes les arrebataron todo, excepto la esperanza.

 

Alfonso Flores Durón. Estudiante de Derecho en el ITAM. Mexicanista y obradorista. Colaborador invitado en El Financiero, Televisa, Milenio y Radio Fórmula.

@PonFDE

Por Alfonso Flores Durón | jueves, 26 de septiembre del 2019.

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