Pluma Patriótica

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1° de julio de 2018: Transformación de la Historia de México

Existen momentos, fechas y espacios determinados que coinciden para marcar la historia de las personas. Queridos lectores, para mí lo es hoy; les explico mis razones.

Los procesos electorales en México, como en otras partes del mundo, han ocupado un espacio relevante para que los ciudadanos se interesen, se relacionen o se sientan parte de la política. Aunque coincido con algunos autores en que la democracia —mucho menos en la actualidad— no se reduce en las urnas, la realidad es que siguen acaparando parte importante de esta, sobre todo ahora, con una generación que tiene acceso a un grado más alto de educación e información como nunca, gracias a millones de sitios de internet y redes sociales con los cuales forma criterios.

Las elecciones en la vida democrática funcionan como instrumento de transformación para derribar regímenes, legitimar las decisiones del próximo gobierno y cambiar el rumbo de una nación. Eso lo tenía muy claro la mañana del domingo 1° de julio del año 2018 cuando acudí a las urnas por primera vez para elegir a mis representantes, tanto para el congreso local y federal como para la presidencia de México. Los mexicanos estábamos cansados de las grandes desilusiones de un supuesto “cambio” que con el PAN nunca llegó en el año 2000; al contrario, fue cómplice de la maquinaria priista de la cual homologó todas sus perversidades; el siguiente sexenio, una administración encapsulada en una lucha ciega contra el crimen organizado, cobró la vida de miles de jóvenes. Para el 2012, tristemente para la democracia mexicana, el PRI regresó a los pinos con el hambre voraz de saquear nuevamente el patrimonio de los mexicanos.

Las elecciones de 2018 fueron un proceso que generó gran entusiasmo no solo en mí, sino en millones de ciudadanos, pues en la boleta se encontraba un luchador social emanado del Pueblo, quien había recorrido todos los municipios del país para ser testigo de la brecha de desigualdad, el abandono y las injusticias; víctima de fraudes electorales que no permitieron que llegara a la presidencia de México debido la guerra sucia en los últimos dos procesos en los que había contendido. Sin embargo, estas situaciones no lo contuvieron para levantar la voz, demostrar a todos los mexicanos que el sistema político mexicano tenía que transformarse para terminar con el viejo régimen y combatir sus antiguas prácticas —como la corrupción, la impunidad y el gobierno para unos cuantos—, terminar con los lujos de la clase política y redireccionar la política social con transparencia.

Recuerdo que, cuando por primera vez escuché hablar de él, se discutía sobre el gran fraude; años después, la política se volvió parte central en mi vida, lo que me convirtió en una crítica del gobierno en turno para levantar la voz de todas las malas prácticas y analizar por qué México necesitaba urgentemente una Transformación.

Hoy que tengo la fortuna de escribir mi primera colaboración como una de las “Plumas Patrióticas” de El Soberano, aquí retomo mis primeros renglones: este espacio coincide con la fecha en que se cumplen tres años de que los mexicanos Juntos hicimos historia, 30 millones votamos para despedir a la vieja clase política.

Andrés Manuel López Obrador, no podría ser otro el Presidente de México.

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