¡Jornada histórica la del domingo 1 de junio!
Con el corazón lleno de emoción, no puedo dejar de repetirlo: aunque este fue un proceso nuevo para todas y todos los mexicanos, como mujer joven me siento profundamente honrada de haber sido testigo y parte de un momento que ayuda a consolidar una lucha democrática que lleva años construyéndose, encabezada por el presidente Andrés Manuel López Obrador y, ahora, por la Presidenta Claudia Sheinbaum.
Durante la mañana del domingo, vimos al presidente López Obrador salir a votar en una casilla especial de Palenque, Chiapas. Después de varios meses sin verlo en público, su reaparición nos llenó de ánimo: se mostró fuerte, sano, participativo y entusiasta. Una imagen que reconfirma lo que siempre ha sido: un verdadero demócrata. Verlo así avivó la llama en el corazón de quienes seguimos en esta lucha desde nuestras trincheras, con convicción y esperanza.
Aunque aún no hay cifras definitivas, la presidenta del INE, Guadalupe Taddei, informó que hubo una participación que ronda entre 12.57% y el 13.32%. Sabemos que todo proceso político trae consigo retos, vicios y aspectos por reinventar. Es normal, sobre todo, tratándose de un ejercicio inédito. Pero justamente por eso, esta experiencia nos deja claro que hay mucho por mejorar para que en futuras ocasiones más personas se sumen y participen con entusiasmo en las decisiones del país.
Después de ejercer mi derecho al voto, me tomé un momento para reflexionar sobre el proceso. La forma en la que votamos aún necesita evolucionar, hacerse más sencilla, y con más claridad. No debemos encasillarnos en nuestro privilegio de contar con información a la mano o de lograr comprender algo que cuenta con un nivel de complejidad, como lo es llenar las boletas.
Nada es perfecto, y menos cuando se trata del primer intento. Es evidente que hay dificultades, pero también hay un camino que se empieza a abrir. Lo importante es informarnos con anticipación, conocer los perfiles, entender cómo funciona el proceso y, sobre todo, salir a las calles, hablar con la gente, así como también usar las redes y las herramientas digitales para compartir lo que sabemos y así despertar más conciencias.
Los errores y los aciertos deben servirnos para seguir incluyendo a sectores que hoy tal vez no participaron, pero que en el futuro pueden cambiar de opinión, haciéndoles ver que la asistencia de todas y todos a las urnas es indispensable, pues nadie nos regaló el derecho al voto. Y que esta elección es una base sobre la cual podemos construir algo más grande, más incluyente y más representativo.
La oposición puede estar molesta, pero no tiene argumentos sólidos frente a sus resultados electorales (ni los del 2024 ni ahora con las elecciones locales en Durango y Veracruz), comparados con los millones de personas que acudieron a las urnas con la intención clara de poner fin al elitismo del Poder Judicial. Ahora afirman que el INE sí se toca, así como durante meses (incluso el día del proceso electoral) insistieron en deslegitimar la votación, asegurando que “no era democrática”. Estas contradicciones dejan ver una estrategia basada más en el rechazo del actual gobierno y de morena en lugar de presentar una propuesta coherente, lo cual debilita su postura ante una ciudadanía que decidió participar de manera activa.
El poder del Pueblo es real. Es una fuerza viva y contundente. Nos recuerda que la democracia no es estática, que puede y debe transformar y reformar las instituciones, las figuras y las estructuras del Estado. Pero esa transformación tiene que hacerse con nosotras, las mujeres, con las juventudes, con la comunidad LGBT+, con los Pueblos originarios, con todas y todos quienes componemos el diverso universo social de este país.
La reforma ya pasó. La elección ya sucedió. Y ambas quedaron inscritas en la historia de México con tinta legítima, escrita por millones de manos ciudadanas. Hoy nos toca mantenernos firmes, luchando, atentas y atentos a lo que viene. Quizá el siguiente paso sea impulsar una reforma electoral, pero lo que sí es seguro es que ya nadie nos puede quitar el derecho de decidir sobre la vida pública del país. Nunca más un gobierno sin el Pueblo. Nunca más sin nosotras y nosotros.



