Pluma Patriótica

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La perversa historia de la L12 inventada por Mancera y sus aliados

Está claro que este sexenio no será tranquilo ni tendrá similitud con los anteriores. Es inédito que un presidente combata la corrupción y lleve a cabo cambios nunca contemplados como penalizar delitos de defraudación fiscal o electoral. Esta presidencia tiene la ventaja de su independencia al no deberle nada al antiguo régimen que pretende volver en 2024. La resistencia inicia su carrera presidencial desde la tragedia del Metro. Después de su actuación en la pandemia, reveló que el desplome del tramo elevado entre la Estación Olivos y Tezonco el 3 de mayo –del que intentaron beneficiarse en vísperas de la elección del 6 de junio- es desde ahora su boleto al poder.

Primero utilizaron a las víctimas en busca de un caudal de votos que se reflejó en Ciudad de México, después reactivaron la campaña que Miguel Ángel Mancera implementó para hacer inoperante a la L12 con una intencionalidad política que omitió al dictamen técnico. 

No obstante que Morena enfrenta la impensable derrota capitalina es primera fuerza en los estados. De gobernar a 37.5 millones en siete entidades en 2018, pasó a 58 millones de mexicanos en once de quince gubernaturas en 2021. Aunque la resistencia difundió que Morena perdió la mayoría calificada que nunca tuvo -la Constitución impide que la obtenga una sola fuerza que no puede rebasar 300 legisladores-, mantiene la mayoría simple en la Cámara de Diputados y mediante alianzas conseguirá la mayoría calificada con otros partidos, para atraer los votos que necesita de la cifra de 334.

Pese a sus derrotas la oposición del régimen antiguo considera que obtener más alcaldías en el bastión del presidente, la ciudad que lo acogió y desde donde construyó tres veces su candidatura presidencial, les permite crecer hacia la presidencia. La clave es la L12.  

La manipulación de la Línea 12 fue la oportunidad del ex jefe de Gobierno y ahora senador por el PAN Miguel Mancera para acceder -según él- a la presidencia en 2018. Investigaciones periodísticas independientes que desconfiaron de la amañada versión de Mancera coinciden en la opacidad de su manejo construyendo la narrativa de la L12 del Metro como un desastre.

De acuerdo al periodista Álvaro Delgado (Sinembargo) desde 2012 no se sabe nada. Refiere que en abril de 2015 y hasta el 2022 Mancera “clasificó como reservada, por siete años, la información del expediente”. Lo que se ha ocultado son “24 libros de seguimiento a mantenimiento años 2012 y 2013” pero, resulta que también ocultó los ‘9 libros de bitácora año 2014’ y ‘todos los contratos de obras inducidas o complementarias de la Línea 12’, como el cierre durante 20 meses”. 

El errado manejo que hicieron Mancera y su equipo entre los que figuraban el que fuera legislador y director del Metro Jorge Gaviño, y el también ex director del STC, Joel Ortega y aliados como el delegado Víctor Hugo Lobo, no ha permitido conocer qué causó el desplome del tren. Es notorio que en vez de la opinión de ingenieros expertos, en la supuesta información de la L12 se vuelva a imponer mediáticamente el mismo gastado dictamen político.

Álvaro Delgado menciona que la L12 debió someterse a mantenimiento “sobre todo después de los sismos de más de seis grados, pero desde 2012 no se sabe nada.”  

Cuando le preguntaron al entonces candidato López Obrador su opinión acerca de la persecución política contra Marcelo Ebrard, les aclaró que al ex presidente Peña Nieto “Le informaron mal. Le dijeron que había sido Marcelo quien filtró la información de la Casa Blanca a Aristegui y de ahí le agarró tirria pero no fue así”. Es decir, la explicación de por qué Mancera tuvo el respaldo mediático puede encontrarse en el apoyo directo de Peña Nieto. A diferencia de quiénes lo precedieron en el cargo, al presidente López Obrador, lo acompaña su fama de hombre justo y no se prestaría a un linchamiento político.

La oposición no ha perfilado candidato, pero tienen claro de quién deben cuidarse. La eficacia, lealtad y experiencia de gobierno les resulta inconveniente. Necesitan dejar fuera de la sucesión a los posibles candidatos de AMLO. La reactivada campaña del régimen de antaño contra dos mencionados en realidad es contra el proyecto de López Obrador.

Aunque necesitan causarles el mayor daño posible ante la opinión pública, el verdadero objetivo es el presidente. Quienes callaron en el PAN ante la tragedia de la muerte de 49 niños en la Guardería ABC, y jamás apoyaron una investigación de los responsables, hoy exigen renuncias o despidos. Su cálculo es que el Metro es la oportunidad de largo alcance para debilitar al gobierno del presidente López Obrador. Reactivada la falsa narrativa que elaboró desde 2014 el nunca investigado Miguel Ángel Mancera, hay muchos cabos sueltos: ¿Cómo es que el intencional y doloso ocultamiento de los pormenores del cierre de una línea construida con tecnología de punta, puede conseguir imponerse a fuerza de la repetición mediática? 

Según el periodista Álvaro Delgado el manejo que se hizo de la L12 no permite saber si el Gobierno de Mancera cumplió con las recomendaciones del manual de mantenimiento de mil 41 páginas que Enrique Horcasitas, director general del Proyecto Metro “le entregó a Joel Ortega, director general del Sistema de Transporte Colectivo (STC) entre 2012 y 2015”. Otro dato que destaca Delgado es que la minuta de una reunión del 8 de julio de 2013 señala que “desde el 30 de octubre de 2012, la Línea 12 ha venido operando regularmente”.  Refieren que hay trabajos pendientes pero que el contratista responderá por los defectos o vicios ocultos que pudieran encontrarse. Una versión muy distinta a la que difundieron.

Los gobiernos del régimen PRI-PAN se caracterizaron por la opacidad en la información. Los temas de interés público que no convenían a sus gobiernos no se revelaban. Por eso es necesario indagar cómo es que una versión que carece de datos duros técnicos que la sustenten sea la que difunde la oposición en respaldo de Mancera. ¿Es posible que la manipulación haya sido tan eficaz que todos se conformen con la versión del senador Mancera sin que él presente ninguna prueba de sus dichos?  Cabe preguntarse ¿Por qué la investigación de la L12 involucra solo a los gobiernos de Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard, mientras deciden omitir al de Miguel Ángel Mancera? ¿Qué investigación puede considerarse seria si no incluye qué pasó en el gobierno de este último? ¿Cuál es el interés de que al senador Mancera se le exima de ser investigado? 

El triunfo de la resistencia en la capital del país importa porque desde ahí buscarán descarrilar al proyecto lopezobradorista que bajo ninguna circunstancia debiera concluir en 2024. Por eso consideran prioritario atacar al gobierno de Sheinbaum. Desde las alcaldías ganadas en Ciudad de México, buscarán imposibilitar la continuidad del cambio en marcha. Han retomado la permanente campaña de desprestigio contra AMLO y están enfocados en retener el voto de las clases medias cuya participación en 2018 marcó la diferencia de los resultados a favor del entonces candidato Andrés Manuel López Obrador. Un segmento que no tenía partido pero que estaba cansado de la corrupción, desigualdad y ausencia de la movilidad social que se perdió, que no estuvo convencida en las campañas 2006, ni en la 2012, en 2018 hizo un significativo cambio de su voto. Decidió no creerles y apostar por López Obrador.

Las encuestas de esa elección revelan que fue AMLO quien rebasó por mucho a Ricardo Anaya y José Antonio Meade en el número de electores con estudios universitarios y un nivel económico de vida más alto. Su voto fue clave, fue pensado y decidido a favor del cambio. Ese voto que fue de Andrés Manuel y que una parte importante ahora se mudó, debe recuperarse porque 2024 definirá si la gente apoya o rechaza el cambio. 

De acuerdo con el periodista Fernando Coca, desde 2014, el ex delegado de la Gustavo A. Madero, Víctor Hugo Lobo y el equipo de Mancera, falsearon los dictámenes para su conveniencia según lo comentó a varios periodistas. Alteraron los dictámenes para poder justificar el cierre de la L12. Otro dato importante es que Mancera y Joel Ortega mencionaron el “desgaste ondulatorio” como motivo del cierre de la línea, pero los expertos internacionales que la examinaron refirieron que es una condición usual en todos los Metros de vías férreas del mundo y que se soluciona con el mantenimiento adecuado.   

Pese a que la Ciudad de México sufrió el sismo del 7 de septiembre de 2017, de 8.2 grados en la escala de Richter, el de mayor magnitud en casi cien años en el sur y centro del país, la réplica mayor alcanzó 6.1 grados pero los capitalinos desconocen qué medidas tomó Mancera a partir del sismo en previsión de algún daño posterior. No hay que perder de vista que la L12 recibió un trato distinto al de las otras líneas que recibieron el mantenimiento necesario. La información de las otras ni se ocultó ni se manipuló. El objetivo era la Línea 12, específicamente, Marcelo Ebrard a quien Mancera consideraba un rival al que no podría vencer. Al tratarse de un sexenio posterior al suyo, Mancera no actuó contra Claudia Sheinbaum por el tema del mantenimiento, pero sí la resistencia que omite: ¿cómo podrían guiarse por el manual de mantenimiento, si nunca lo recibieron del equipo de su antecesor Miguel Ángel Mancera?

La investigación de Álvaro Delgado en Sinembargo se refiere a las “notas de alcance” donde se recomienda “monitorear el comportamiento presentado por la línea después de los dos primeros años de servicio”. Además, se sugiere “Realizar inspecciones visuales de los elementos estructurales principales, después de un sismo de 6.5 y 7 Richter (sic), para los Talleres Tláhuac y el resto de la línea, respectivamente”.  

A la vista de nuevos datos cabe considerar que la opinión pública fue engañada desde el principio, pero ahora hay un gobierno decidido a que los asuntos públicos sean públicos. Desde el inicio del gobierno de Mancera, la L12 fue convertida en un asunto político, no técnico. Ese enfoque impide conocer qué pasó. Datos como el manejo tramposo del “desgaste ondulatorio” despiertan sospecha. Pese a la conclusión técnica que señalaba que era fácil de resolver y no era necesario su cierre, si se confirma que Mancera ignoró a los expertos al mantener cerrada la L12 durante 20 meses, cabe la posibilidad de inferir que, a excepción de los involucrados, nadie sabe qué hicieron con ella.

De la L12 y por consiguiente de la tragedia del Metro se sabe poco por la manipulación de los dictámenes iniciales, el cierre no justificado, la opacidad y secrecía con la que el tema fue manejado. Es probable que nunca se haya abierto la información porque no estaban reparando la Línea 12 sino haciendo una grotesca escenificación política. Aprovechando el camino iniciado por el ex jefe de Gobierno Mancera, la oposición lo imita.

Si sabían que el desgaste ondulatorio es normal en todos los metros férreos y se corregía con mantenimiento ¿Cómo concluyeron, a decir de Coca, que era “muy probable un descarrilamiento de un viaducto elevado, que ponía en riesgo la vida y seguridad de los usuarios” y no lo evitaron? Existe la suspicacia que el abandono y cierre de la L12 se mantuvo el tiempo necesario para colocar y anclar el falso mensaje de que no servía. Ojalá los expertos puedan aclarar lo ocurrido. 

El columnista Ricardo Raphael (Milenio) plantea que el peritaje debía llevarlo a cabo el Colegio de Ingenieros Civiles o del Instituto de Ingeniería de la UNAM, en vez de la empresa DNV-G. Para que la investigación sea aún más transparente, podría ser positivo que expertos ingenieros mexicanos se sumaran a la empresa internacional contratada. La intencionalidad política que se deja entrever mediante cambios de dictámenes es una historia llena de claroscuros sin pruebas de nada, contada por Miguel Ángel Mancera y sus aliados. Es la versión de la que casi todos los medios se hicieron eco y sin confirmarla así la contaron a la opinión pública.  El problema de la L12 no es de vicios técnicos ocultos, sino de vicios políticos ocultos que se intentan mantener. El peritaje político debe ser ignorado, para que prevalezca el técnico. Que no se olvide que, ante todo, el periodismo necesita ser justo y contar lo que ocurrió.

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