junio 12, 2021

Pluma Patriótica

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miércoles, 9 junio, 2021
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2021, un salto gigante en la representatividad femenina

Por: Karla Motte

Además de un refrendo del proyecto de transformación con el aumento territorial y la confianza popular reflejada en la composición del Congreso, esta elección intermedia trajo consigo un inédito triunfo en el número de mujeres electas para el cargo de gobernadora. Seis mujeres más encabezarán ejecutivos locales, con lo que en México habrá el mayor número histórico de gobernadoras en ejercicio de sus funciones que jamás hayamos tenido.

El ingreso y ascenso de las mujeres a la vida política había ocurrido a cuentagotas. Basta recordar que tras arduas luchas de miles de mujeres por alcanzar su derecho al voto, la participación en lo público es relativamente reciente, pues mientras la nación mexicana tiene más de doscientos años de haberse conformado, las mujeres hemos sido sujetas de este derecho hace apenas 67 años.

Para ponerlo en perspectiva, pensemos que muchas de nuestras abuelas nacieron en un país donde las mujeres eran relegadas de la vida pública y sus madres pertenecieron a la primera generación en ejercer ese derecho. Hoy, ha rendido frutos el largo y centenario camino de organización, lucha y empuje de mujeres comprometidas frente a machos reticentes a ceder la parte de poder que, por derecho, debe corresponder a quienes forman parte de la mitad de la población.

Paulatinamente se fue avanzando en ese camino, aunque la subrepresentación femenina fue la norma en un sistema político que enarboló la igualdad en la letra, pero la discriminación en los hechos, e implicó que por décadas la presencia de mujeres en los espacios políticos se diera a contracorriente del machismo institucional y cultural. Además, si bien ellas iban ganando espacios, tuvieron como límite en su ascenso a los cargos de alta jerarquía los llamados clubs de tobi, que refrendaban la exclusión y entendían el poder como algo compartido únicamente entre varones.
En México, con la toma de posesión de las seis gobernadoras electas, habrá siete mujeres frente a 25 hombres ejerciendo este cargo, una cifra que sigue siendo apabullantemente masculina pero que representa el mayor número de mujeres que simultáneamente comparten la mayor responsabilidad ejecutiva local en nuestro sistema político federalista.
También, a través de una sola elección se contará con casi el doble de mujeres que han asumido este cargo. En un lapso de 67 años ha habido nueve gobernadoras y en una sola elección, se completará un panorama con siete mujeres gobernando. Es decir: estamos ante un salto gigante de la representatividad que por derecho debemos tener. Poco a poco nos acercamos a un entorno cultural donde sea absolutamente normal observar a mujeres ejerciendo el poder, a todos niveles.

Tanto la reforma política del 2014 que planteó el 50/50 de mujeres para cargos de representación, como la ley de paridad de género aprobada en 2019, dejan ver sus frutos. Sin embargo, ante este contexto, también es necesario refrendar que la presencia de más mujeres en política no es garantía de avances en los derechos para todas nosotras. Si bien la representatividad importa y debe considerarse un logro de la genealogía de las luchas feministas, es justo reconocer que, para el avance de los pendientes de esta agenda, la plataforma que las lleva al poder es más importante que su género.

Las mujeres conservadoras en el poder también pueden traer retrocesos a los derechos ganados. Por eso, el avance de las derechas y ultraderechas que en la reciente elección se observó sobre todo en la Ciudad de México —referente de la progresividad de derechos a nivel nacional— debe combatirse con miras a no perder el terreno que ya se ha avanzado.

El acceso de las mujeres a la vida política, como lo entendieron muy bien las feministas mexicanas de los años sesenta y setenta, no es por sí mismo el camino para la emancipación. Sin embargo, es un avance indiscutible que también abona a una sociedad más justa.

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