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23 de junio, Día del Politólogo

postal PP horizontal Alex Cardiel

Vivimos tiempos convulsos.

En los últimos días, el mundo ha sido testigo de un nuevo capítulo de tensión global con el ataque lanzado por Estados Unidos a instalaciones nucleares en Irán, lo cual ha provocado reacciones inmediatas de parte de Rusia y China.

Mientras tanto, las potencias compiten por demostrar fuerza, poder y hegemonía, olvidando que la capacidad de destrucción mutua asegurada sigue vigente.

En este contexto de incertidumbre y miedo, es válido recordar aquella frase lúcida, aunque desesperanzadora: “es más fácil imaginar el fin del mundo que un cambio de régimen económico.”

A nivel nacional, México atraviesa un proceso de reconfiguración política tras las elecciones más grandes de su historia, con nuevas mayorías legislativas y una ciudadanía cada vez más polarizada, pero también más consciente.

El contexto internacional y doméstico nos exige algo más que análisis superficiales o posturas ideológicas. Nos exige visión, memoria y compromiso.

La labor que tenemos quienes nos dedicamos al estudio de la Ciencia Política no se limita al análisis de coyunturas. Nuestra tarea va más allá: consiste en desentrañar los matices, identificar patrones históricos, descubrir datos olvidados, y, sobre todo, generar propuestas viables que puedan traducirse en acciones concretas.

Somos quienes debemos plantear escenarios futuros —no como meros adivinos, sino como analistas rigurosos con visión crítica— y proponer caminos hacia sociedades más justas, pacíficas, inclusivas y sostenibles.

Y hablando de paz, qué mejor momento para traer a la memoria la figura de Alfonso García Robles, nuestro Premio Nobel de la Paz, quien impulsó los Tratados de Tlatelolco en favor de la desnuclearización de América Latina.

En estos días de amenazas atómicas y pulsos entre superpotencias, su legado nos recuerda que la diplomacia y el derecho internacional no son ingenuidades, sino instrumentos indispensables para la sobrevivencia de la humanidad.

Debido a las guerras que se viven, he recibido cientos de mensajes comentando qué hacer en caso de una conflagración atómica. Desde los más absurdos y risibles —que parecen salidos de un manual de ciencia ficción— hasta algunos con una apariencia de seriedad, aunque carentes de sustento técnico o bibliografía confiable. Cientos de mensajes sobre cómo sobrevivir al apocalipsis… y apenas una decena con propuestas viables para desescalar el conflicto. Esto no es menor: confirma la hipótesis de que es más fácil imaginar el fin del mundo que imaginar un cambio de modelo económico.

Frente a ello, es necesario recuperar las propuestas que sí existen, aunque a veces sean ninguneadas por quienes suponen que el único pensamiento válido es el que repite fórmulas fallidas.

Una de esas propuestas viables es la del llamado humanismo mexicano, formulado por el expresidente Andrés Manuel López Obrador y hoy retomado por la Presidenta Claudia Sheinbaum.

Su esencia es simple pero poderosa: moderar la riqueza y moderar la pobreza.

Hace unos días, La Jornada publicó que menos del 0.3% de la población en México, concentra poco más del 50% de la riqueza nacional, mientras millones siguen viviendo con hambre.

Esta desigualdad estructural no sólo es injusta, sino también insostenible. Y si aspiramos a un futuro sin bombas, necesitamos también un presente con justicia.

Por eso, la política sin politólogos conscientes y éticos, sin visión global ni vocación democrática, puede volverse miope, oportunista o incluso peligrosa. Y los politólogos sin sentido histórico ni conciencia planetaria, corren el riesgo de volverse testigos mudos del colapso.

Hoy más que nunca, se requiere pensamiento crítico, análisis informado y acción comprometida.

Y es ahí donde espacios como este, promovido por la Asociación de “Politólogos y Administradores Públicos”, resultan fundamentales. Porque aquí se reúnen analistas excepcionales, personas con experiencia en la administración pública, y voces diversas que comparten una misma preocupación: el bienestar común.

Agradezco profundamente la invitación a compartir estas palabras. Y deseo sinceramente que las propuestas, diagnósticos y reflexiones que aquí se presenten no se queden sólo en la teoría, sino que sirvan para inspirar decisiones que cambien vidas y transformen realidades.

Porque al final del día, nos debemos a la ciudadanía. Y frente al caos, la incertidumbre y la injusticia, no queda más que reafirmar nuestro compromiso con la razón, la memoria y la esperanza.

Por el derecho a imaginar un mundo distinto y con la convicción de que también es posible construirlo.

Muchas gracias.

*Participación de este tecleador para la Asociación “Politólogos y Administradores Públicos PAP”, con motivo del Día de Politólogo.

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