Pluma Patriótica

Share on facebook
Share on twitter
Share on telegram
Share on whatsapp
Share on email
IMG-20210912-WA0023

A la memoria de Enrique González Pedrero

El universo de las ideas, al igual que el Universo a secas, no tiene nunca una generación espontánea, sino acaso una trayectoria tortuosa, accidentada, zigzagueante, que siempre se enmarca en condiciones históricas que la fomentan, la retraen o la expanden. Los seres humanos somos, en términos de ideas, hechura de otros seres humanos que, como planteaba Mills, a veces nos pueden significar un punto de inflexión biográfico.

En días recientes falleció Enrique González Pedrero, destacado intelectual mexicano cuya huella tiene trazas que perdurarán en el futuro por una razón contundente. González Pedrero nació en Tabasco y, como muchos futuros politólogos, comenzó sus estudios superiores en la abogacía justo a mediados del siglo XX, en un momento en México cuando se debatía en México si era necesario fundar una escuela propia para las Ciencias Sociales o la Facultad de Derecho, con su visión deontológica del Estado, era suficiente para discernir y reflexionar sobre las cuestiones del poder.

Por fortuna, la balanza se inclinó hacia la primera vertiente y en 1951 se fundó en la UNAM la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales, de la que más tarde, en 1965, González Pedrero sería director y en cuya gestión se tornaría en Facultad, en un hecho que subrayaría uno de los legados de ese pensador tabasqueño: ser uno de los padres de la Ciencia Política en México.

Académico notable, fue un estudioso del pensamiento económico y legal de Marx; estudioso de la pobreza; pionero de la reflexión sobre la Revolución Cubana; analista exhaustivo del México del siglo XIX a través de la vida de Antonio López de Santa Anna y traductor al español de obras clave de Wright Mills, el gran precursor del concepto clave de “imaginación sociológica” y a quien González Pedrero, entre otros intelectuales mexicanos como Carlos Fuentes o Víctor Flores Olea, convencerían de visitar Cuba a ver el proceso posrevolucionario, lo que devendría en reflexiones clásicas del estadunidense inscritas en el libro Escucha yanqui, que, entre otras contribuciones, renovarían el pensamiento de las izquierdas en un momento álgido del siglo XX.

González Pedrero fue asimismo un militante de la praxis política. Administrador público de instancias literarias y culturales; dirigente partidista de espacios formativos y, también, senador de la república y gobernador de Tabasco, fue un hombre que destacó por tratar de darle al país una dirección progresista.

González Pedrero fue también uno de los mentores fundamentales de Andrés Manuel López Obrador, no tanto en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, alma máter de ambos, sino en la política real: el Tabasco de los años setenta y ochenta, escenario que resultaría clave para un hecho biográfico fundamental en la formación del hoy presidente de la República: su distancia del PRI y su tránsito a la oposición.

González Pedrero conoció a López Obrador por su talante laborioso en la zona chontal de Tabasco, en donde a la par de sus labores exhaustivas en pos de las comunidades más pobres, era también un estudioso –a veces intuitivo, pero riguroso y acucioso– de la región, y asimismo un joven profesor de Sociología en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Tabasco. Con base en ello, González Pedrero lo tenía conceptuado como un joven “con un amplio conocimiento teórico y práctico” sobre la región tabasqueña. Forjarían una relación colaborativa, en donde AMLO siempre vio con ojos de alumno tanto a González Pedrero como a su compañera, la destacada socióloga Julieta Campos, de quien aprendería mucho de la reflexión sobre la pobreza en el país.

En uno de los vaivenes de la vida, González Pedrero nombraría a López Obrador Oficial Mayor del Gobierno de Tabasco, un cargo toral en la administración local. AMLO le dio una lectura peculiar al hecho: en vez de mirarlo como un ascenso, sintió que se le relegaba de lo que era su labor del momento: darle al PRI un vínculo sólido con el pueblo raso y crear mecanismos de participación y toma de decisión colectiva en los municipios. Tras aceptar el cargo por un lapso insignificante, Andrés Manuel entregó su renuncia a González Pedrero y se distanció de su terruño hacia la Ciudad de México.

Pero, por otros vaivenes de la vida, López Obrador ascendería en la política desde una perspectiva opositora al PRI: el ala de la izquierda nacionalista que se anidaría en el PRD, donde coincidiría de nuevo con González Pedrero. Años más tarde, ya en altas esferas políticas, AMLO les daría su lugar a sus maestros: como Jefe de Gobierno nombró Secretaria de Turismo a la doctora Julieta Campos y, en octubre de 2005, López Obrador nombraría a González Pedrero como integrante de su círculo cercano de asesores de cara a su candidatura presidencial para 2006.

La de González Pedrero fue una vida prolífica en el campo intelectual y político. Uno de sus alumnos políticos es hoy presidente de México y ha tratado de que el poder ponga en el centro a los sectores más históricamente marginados: los pobres. Nada menos. La agenda política por los pobres en López Obrador no es una ocurrencia espontánea de 2018, sino una tesis labrada al amparo de mirar la realidad mexicana a ras de suelo, como ningún otro político en la historia, desde 1976. Y también es resultado de la influencia formativa que diversos maestros le forjaron, sea como pensadores o sea como ejemplo directo. Ahí radica un fuerte legado de González Pedrero en el hoy presidente de México, aunado ello a la condición de ser uno de los padres fundadores de la ciencia política mexicana, papel que jugará siempre ante las futuras generaciones.

 

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on telegram
Telegram
Share on whatsapp
WhatsApp

Relacionado