junio 13, 2021

Pluma Patriótica

Share on facebook
Share on twitter
Share on telegram
Share on whatsapp
Share on email
martes, 11 febrero, 2020
Abrir y cerrar de puertas

Abrir y cerrar de puertas

En política y relaciones internacionales las metáforas y analogías son muy útiles para explicar realidades complejas. Una forma sencilla para explicar una frontera internacional es pensar que son puertas. Las políticas fronterizas son parte del mecanismo de apertura y clausura; el uso de seguridad para proteger las puertas son mecanismos de protección, tal y como podría ser una alarma.

Las puertas, como las fronteras, cumplen objetivos simultáneos: mantener gente afuera o adentro, dependiendo del lugar en el que te encuentres. En la vida real hay miles de puertas y cada país las construye de forma diferente, con base en sus propias políticas, capacidades, historia y objetivos nacionales. La apertura o clausura de puertas es arbitraria y parcial: se abren o se cierran dependiendo de la nacionalidad o ciertas características, no por el simple hecho de ser una persona.

Por ejemplo, el actual gobierno de Estados Unidos quiere que sus puertas con México tengan triple candado, cadenas y alarma para evitar que vengan personas de fuera. No obstante, evitan abogar la misma política con Canadá. Los países al interior del área Schengen en Europa quieren que la mayoría de sus puertas se abran de forma automática, pero no así con países con los que no han firmado este acuerdo. Corea del Norte quiere que sus puertas sean especialmente seguras para que sus habitantes no abandonen el territorio.

¿Y qué pasa con México? Hoy enfrentamos mucha presión por parte de Estados Unidos para que cerremos la puerta a Centroamérica y escondamos la llave. De manera simple, el vecino no quiere que nuestros vecinos toquen su timbre.

Hasta ahí, la metáfora es relativamente sencilla. Pero, existen puertas menos visibles. Por ejemplo, México abrió las puertas a personas que enfrentaban difíciles situaciones internas, como lo fue durante la Guerra Civil en España o las dictaduras en América Latina que ocasionaron que miles de personas huyeran por sus creencias. En otros casos no las abrimos lo suficiente, como ha sido recurrente durante el conflicto que todavía ocurre en Siria.

Para ejemplificar esta analogía, es muy interesante debatir qué ocurre en Ecuador, país en el que el descontento social llevó a protestas multitudinarias a nivel nacional. En este marco, México abrió las puertas de la embajada en Quito a cuatro asambleístas disidentes al régimen de Lenin Moreno: Gabriela Rivadeneira, Luis Fernando Molina, Soledad Buendía y Carlos Viteri, así como sus cónyuges.

Es muy pronto para saber cuáles serán las consecuencias de esta acción. ¿A quiénes más se abrirán las puertas en Ecuador? ¿Cuáles van a ser los criterios para abrir las puertas en otros contextos de protesta, ya sea en América Latina o en otras regiones? No obstante, ante las acusaciones de que la política exterior de México no toma partido o está atada por los principios constitucionales, ésta es una acción decidida y plausible. Ojalá que las puertas no se cierren para quienes vengan detrás.

 

Luis Mingo. Internacionalista por la UIA con posgrados en LSE y Fudan University. En cancillería trabajé en la Subsecretaría para Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos, la Dirección General de Comunicación Social y el Consulado de México en Seattle.

@Luis_Mingo_

Otros textos del autor:
-En riesgo 600 mil ‘dreamers’
-La culpa no es del embajador, sino de quien lo hace compadre

© 2021 El Soberano. Todos los derechos reservados. Sitio Diseñado y Desarrollado por XXSTUDIO