junio 12, 2021

Pluma Patriótica

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jueves, 13 febrero, 2020

Acá las tortas

A lo cotidiano solemos verlo con desprecio, o indiferencia cuando más. Dejamos de ver con sensualidad los estímulos diarios que nos ofrece una ciudad: que si sus edificios coloniales, que si sus parques monumentales, que si la gente que se mueve en el organizado caos. 

Quizá por eso desdeñamos lo sencillo. Quizá por eso no le damos su lugar a las cosas realmente importantes. Quizá por eso no estamos orgullosos de las tortas. 

Más que el taco, la torta es una solución, una herramienta de transporte y aporte calórico. No es un invento de la Ciudad de México, –¿pero qué si lo es?– es un gesto chilango que dice mucho de nuestros sentimientos, emociones y vacíos. Sobre todo, los vacíos. 

A diferencia de la fritangas –gorditas, quesadillas, huaraches, sopes– que son oraciones construidas en las que pocas veces caben los sinónimos: la gordita, por ejemplo, es una construcción casi perfecta de grasa, crocancia y proteína; se modula pero no se transforma. Las tortas son un lienzo que busca de ser llenado con imaginación, cachondería o traumas infantiles. 

Porque la torta, en el diccionario de la lengua chilanga, es una palabra que sólo significa “cosas entre pan”. Así, nada más abierto que eso. Nada más hermoso que eso. 

La torta es una posibilidad de llenarse uno mismo: no sólo la panza, también la creatividad. Porque entre panes no hay reglas. Existen estilos, costumbres y necedades, pero ninguna es excluyente ni complementaria: cada una se prepara en su propio camino.

Dentro de los panes caben jamón, milanesa, pierna adobada, pollo, huevo, huevo con chorizo (patrimonio inmaterial del Universo), queso o tamales, chilaquiles, guiso de ayer, chile relleno. Sin olvidar el plátano, la mermelada o la cumbre de lo sencillo: mantequilla con un toque de azúcar. 

Sin embargo, lo más delicioso de las tortas, torteros y tragones, es su ligereza y astucia. Las tortas no son solemnes como los tacos –gracias a eso no tenemos catadores de tortas, no hay ninguna intención de albur– no necesitan del ritual y la aprobación popular. 

Las tortas son divertidas y democráticas: hay para conservadores, liberales y patriotas. No importa qué seas, siempre habrá una torta para ti. Porque en la torta deviene la persona: por eso las hay simples, como la de jamón, las hay más tradicionales como la de milanesa con quesillo, y también las de múltiples combinaciones y tamaños descomunales (porque en esta ciudad hay que comer cuando se puede, no se sabe hasta qué hora tendrás la oportunidad de cenar).  

Sólo basta una peinada rápida. Hay tortas que parecen Turista Mundial: la Suiza, la Española, la Italiana, la Argentina, el ingrediente protagonista les da nacionalidad. Mención especial a la Cubana, máxima expresión del barroco nacional. 

En las tortas expresamos y exploramos nuestra creatividad. Porque se vale ser mamón. Ser atascado. Ser sencillo y hasta simple, cada enfermedad manifiesta bocado a bocado. 

Al final, sólo hay dos tipos de personas: las que ponen chipotles y las que prefieren los chiles curados. No hay más.

Diego Mejía. Juntaletras por necesidad  y mezclapimientas por el puro gusto. Me dedico a ser preguntón en entrevistas, cabinas de radio o grupos focales. He sido copy, reportero de un programa de deportes y director de una revista de emprendedores.

Twitter: @diegmej

 

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