Desde el inicio del gobierno de Pablo Lemus, la frase que caracteriza al gobierno y que utiliza como guía es “Al estilo Jalisco”. Esta consigna ha prevalecido en todo lo que se hace y dice: es la imagen gubernamental y forma parte del discurso oficial, por lo que está en la boca de todos y de todo. Cada acción de gobierno, programa nuevo o acto político o social concluye con esa expresión. En un spot televisivo que emplea estas palabras, se promueve la iconografía de un hombre vestido de charro, que se coloca el sombrero y camina de manera altiva.
El propio Lemus ha dicho que “Al estilo Jalisco” enfatiza los valores propios y culturales distintivos del estado, como el mariachi y el tequila que –según él– solo se dan en este lugar de la república. Sin embargo, olvida que también nos caracterizan otros elementos fundamentales de nuestra identidad culinaria, como la tortilla, la jericalla, la birria, el mango, el tejuino y muchas otras comidas ancestrales que forman parte de nuestra vida cotidiana.
El nombre Jalisco proviene de la combinación de tres palabras de origen náhuatl: xal- (arena), íx- (cara o superficie) y la desinencia -co, que indica lugar. El significado podría traducirse como “en la superficie de arena” o “en el arenal”. Los primeros habitantes del estado fueron los cuyutecos, quienes se establecieron en el suroeste del territorio, en localidades como Atenguillo, Talpa, Mascota, Mixtlán, Atengo y Tecolotlán, y desde ahí se dispersaron hacia otras regiones. También provenimos de migrantes de muchas partes del mundo.
La frase “Al estilo Jalisco” fue popularizada por José Alfredo Jiménez (1926-1973), cantautor mexicano que no nació en este estado, sino en Guanajuato. La expresión completa aparece en su canción “Ella”, donde canta: “quise hallar el olvido al estilo Jalisco”. El verso se refiere a la intención de olvidar a una mujer que le causó una decepción amorosa, escuchando mariachi y tomando tequila en una cantina.
Entonces ¿qué significados le dará a esta frase el gobernador del estado? Lanzo cuatro hipótesis: 1) diferenciarse de la identidad nacional y generar una propia; 2) promover una imagen masculina y masculinizada del gobierno; 3) dejar fuera las representaciones de mujeres y 4) excluir toda la diversidad cultural e histórica que caracteriza Jalisco y sus habitantes.
La intención de diferenciarse de una identidad nacional y reapropiarse de productos regionales, como el tequila y el mariachi es evidente. Sin embargo, la imagen masculina y masculinizada que se proyecta sugiere que beber tequila y vestir de charro son elementos inseparables, cosa que no es así. Muchas personas disfrutan del mariachi sin consumir tequila; otras prefieren esta bebida, pero no el género musical; y quienes se visten de charro lo hacen, en su mayoría, por su participación en la charrería o en agrupaciones musicales.
La segunda hipótesis y –la que más me preocupa– es la recuperación de una iconografía que remite al charro machista, figura sumamente entronizada en el cine nacional. Aquellos personajes borrachos enamorados, despechados, infieles y violentos promovieron una imagen masculina basada en la superioridad, la competencia y el dominio –o conquista– sobre la mujer. Esta representación refuerza roles de género rígidos y estereotipados. Además, la imagen que se construye es la de un gobierno masculinizado, es decir, una administración encabezada por hombres que encarnan ciertos valores, actitudes y comportamientos que históricamente han definido qué significa “ser hombre”.
La tercera hipótesis, igual de preocupantes que la anterior, muestra con claridad la ausencia de mujeres de la imagen que proyecta el gobierno actual: son invisibilizadas y prescindibles. En la frase “Al estilo Jalisco”, la presencia simbólica es la de una mujer que “paga” mal en cuestión de amores.
Finalmente, la diversidad cultural que nos caracteriza no puede reducirse a la figura del charro, aun cuando se reconozca que la charrería forma parte del patrimonio cultural inmaterial de nuestro país. Con este juego de palabras e imágenes se deja fuera al vasto patrimonio cultural de Jalisco conformado por “restos paleontológicos, sitios y piezas prehispánicas, bienes muebles e inmuebles históricos, artísticos, y un rico patrimonio inmaterial de Jalisco” (Olveda, 2009, p. 6). Pensemos, por ejemplo, en la osamenta del Mamut de Catarina encontrado en 1962 en el potrero El Tule, en Zacoalco de Torres, y que es la atracción principal en la sala “Federico Solórzano” del Museo Regional de Guadalajara; o en la elaboración tradicional de equipales, asientos ancestrales que son reconocidos en el ámbito mundial, que tiene lugar en ese mismo municipio. También podemos remitirnos a la arquitectura prehispánica y sitios arqueológicos como los Guachimontones, en Teuchitlán, El Ixtépete, en Zapopan, e Ixtapa en Puerto Vallarta (Olveda, 2009). Por su riqueza cultural, destacan igualmente municipios como San Miguel el Alto y Lagos de Moreno.
Jalisco también sobresale por su patrimonio artístico. De los cuarenta monumentos reconocidos en el ámbito nacional, cinco son producto de jaliscienses o se encuentran dentro del estado. Entre ellos, la obra plástica de José Clemente Orozco, declarada como tal el 8 de enero de 1943; los dibujos y pinturas de Gerardo Murillo Coronado, “Dr. Atl”, reconocidos el 25 de agosto de 1964; el Mercado Libertad, el 29 de marzo de 2005; la Casa Zuno, donada a la Universidad de Guadalajara por el ex gobernador de Jalisco José Guadalupe Zuno y que hoy alberga al archivo universitario; y la finca ubicada en la calle Pedro Moreno # 1612, diseñada por el arquitecto Luis Barragán (Olveda, 2009).
También debe reconocerse la producción artesanal de alta calidad que se realiza en diversos municipios. Destacan la cerámica de piedra volcánica de San Juan Evangelista; las piezas elaboradas con la técnica del petatillo en Tonalá; la tradición alfarera de San Pedro Tlaquepaque; y los textiles con los que se confeccionan sarapes, rebozos, fajas, chincuetes y tilmas, además de los bordados de la comunidad wirárika. Tampoco podemos dejar de mencionar los fajos pitiados de Colotlán, ejemplo del trabajo minucioso y la creatividad popular. Y que decir de la Ruta Wixárika a Wirikuta, declarada el pasado 12 de julio como Patrimonio Mundial de la UNESCO, en fin, que hay mucho más que presumir que una frase de despecho.
Desde hace tiempo, las feministas hemos trabajado por cambios culturales que erradiquen prácticas machistas. No podemos seguir normalizando frases que reproducen ese mismo sistema, y mucho menos aceptarlas como imagen oficial de un gobierno que hace apología del machismo, invisibiliza a las mujeres y borra la riqueza histórica y cultural de nuestro estado.
Bibliografía
Olveda García, Jorge Guillermo. “El patrimonio cultural de Jalisco”. Estudios Jaliscienses 77 (2009): 6-14.





