Ciudad de México a 20 enero, 2026, 6: 59 hora del centro.
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Alessandra, alcaldesa de montajes y mentiras

Susana Cueto-H

En la política mexicana hay figuras que parecen especializarse en montar escenas con tal de mantenerse en el reflector. Alessandra Rojo de la Vega, la alcaldesa de Cuauhtémoc es un claro ejemplo. Con su posición de poder no solo administra una demarcación clave de la Ciudad de México, sino que también se dedica a esparcir falsedades que terminan desmoronándose bajo el peso de la evidencia.

Tomemos el caso reciente del mensaje amenazante de una supuesta persona usuaria de Twitter (ahora X), y que la alcaldesa le atribuyó a Arturo Ávila, vocero de los diputados de Morena. Según la versión inicial de Rojo, el morenista habría enviado ese texto intimidante, pero la realidad no tardó en salir a flote: se trató de un montaje con una imagen sobrepuesta y manipulaciones evidentes en los horarios y capturas. El mismo Ávila denunció el hecho públicamente rechazando cualquier involucramiento y calificando el acto como un intento de difamación, y lo dejó muy claro “Nosotros no hacemos montajes como usted, no amenazamos gente, no mentimos”.

Incluso algunos medios alineados con la derecha como El Arsenal reportaron lo desmentido, destacando cómo la alcaldesa amplificó esta falsedad. Y no es la primera vez que se le evidencia en este tipo de tácticas, recordemos las dudas sobre su propio “atentado” en campaña, que muchos catalogaron como un montaje para ganar simpatía electoral.

Pero esto no es solo un incidente aislado, Rojo de la Vega incluso ha repetido el patrón conmigo al presentar una denuncia sin fundamento alguno y plagada de mentiras y distorsiones, solo para intentar exhibirme y desgastarme. Usando su cargo como alcaldesa y aprovechando recursos institucionales para propagar calumnias, intentó transformar una disputa ideológica y una crítica a su lamentable desempeño, en un espectáculo público. ¿Pruebas? Ninguna. Solo humo y espejos para mantener su narrativa de víctima eterna, mientras ataca a quienes la cuestionan. Ojalá pusiera el mismo empeño por ser buena servidora pública.

Desde su espacio de poder, Rojo de la Vega no gobierna, violenta. A mujeres que no encajan en su agenda, a políticos que la eclipsan, o a cualquiera que “le pise el talón” o la cuestionen. Sus acciones no solo erosionan la confianza en las instituciones, sino que perpetúan un ciclo de desinformación que daña a la sociedad. En vez de resolver problemas reales en Cuauhtémoc, como la inseguridad o el mantenimiento urbano, prefiere el show mediático.

Es una lástima que el talento para la actuación opaque el deber de la acción. La alcaldesa debería recordar que su trabajo no es publicar titulares con escándalos fabricados, sino ganarse la confianza de la gente con obras tangibles y honestidad. Mientras el teatro prevalezca sobre la verdad, su legado no será el de las calles arregladas o los problemas resueltos, sino el del espectáculo vacío. La ciudad merece más que montajes de dramas, merece soluciones reales.

 

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