El pasado treinta de noviembre, un video publicado en YouTube reactivó el nombre de Andrés Manuel López Obrador, en la conversación pública nacional. Bastaron unos minutos para que las redes sociales se desbordaran: surgiendo críticas, mensajes de nostalgia, memes, celebraciones y también descalificaciones. La reaparición no solo generó tendencias; removió emociones. No fue únicamente el figurín político vuelto a escena, sino un personaje que permanece vivo en el imaginario colectivo, capaz de polarizar y conmover en la misma medida.
Este fenómeno es, por sí mismo, digno de estudiarse, pues que un expresidente emita opiniones no es algo nuevo ni excepcional. Lo realmente singular es el desborde de reacciones que provoca verlo, al punto de convertirse en el centro de las plataformas digitales, noticieros y las conversaciones cotidianas. Esa capacidad de reorientar la agenda pública incluso desde su ausencia habla de un caso poco común en la vida política nacional.
Tal reconocimiento es el eco de una trayectoria construida contracorriente, frente a un sistema gubernamental que por años pareció inamovible. López Obrador no llegó al poder en un arrebato: llegó después de décadas de denuncia, recorriendo el país y convencer desde abajo. Ese esfuerzo, hoy se traduce en un peso fortalecido, un máximo histórico en inversión extranjera y más de 13 millones de personas superando la pobreza.
Y a través de un fugaz recorrido histórico, vayamos nuevamente a la Cámara de Diputados, ese 7 de abril de 2005, donde con 360 votos a favor, 127 votos en contra y 2 abstenciones se aprobó el retiro del fuero al Jefe de Gobierno del Distrito Federal, como había ordenado la entonces “PGR”. Días después, el 25 para ser exactos, millones de hombres y mujeres, le acompañaron caminado, a lo que la historia denominaría “la marcha del silencio”; el entonado compás de “no estás solo”, animó por varios kilómetros, desde el museo de Antropología (Reforma) hasta el Zócalo capitalino. El discurso abrió con la propuesta de formular un plan, para transformar a México.
Desde ese momento, la meta era clara, y fue tomando forma en 2007, a través de la operación llamada credencialización del Gobierno Legítimo de México, consistente en «…construir una red y un directorio de millones de representantes del gobierno legítimo en todo el territorio nacional»[1]. Este proceso lo conozco de cerca, pues mi madre, Martha Cayetano, era la encargada del módulo en Xalapa, Veracruz, con una computadora, impresora, mesa y sillas de plástico, una carpa, auto y gasolina propios y mucho, mucho corazón, se recorrían colonias, localidades, de lo más apartado, donde la gente te abría la puerta de sus hogares, convidándote una naranja recién cortada, mientras contaban lo dura que les había sido la vida, y el anhelo compartido por dejar atrás ese México doliente. Además, desde ese entonces ya se entregaba el periódico Regeneración.
A la postre del fraude electoral de 2006, donde el tabasqueño aún pertenecía al “partido del Sol”, en 2011, surge a la vida pública MORENA, como asociación civil, logrando su registro oficial como entidad política, el 9 de julio de 2014. De hecho, en el inter, hubo una segunda contienda presidencial -2012- sin que los resultados oficiales le favorecieran; no obstante, la lucha siguió. Y en 2018, nuestro protagonista arrasadoramente ganó los comicios con más de 30 millones de votos.
La anterior narrativa, era necesaria, para llegar a mi conclusión, el fenómeno AMLO no deviene de su posición como titular del ejecutivo federal. Y no solo se mantiene en el discurso público, a causa de fanáticos o detractores. Para mí, sucede que su convicción no solo era auténtica, sino determinada y compartida por sus compatriotas. Estamos hablando de un hombre cuya consciencia social, marcó la diferencia en la forma de gobernar, priorizando a los grupos que históricamente fueron desprotegidos, incluyéndonos a las mujeres en la vida pública del país y en la toma de decisiones. Sus acciones superaron por mucho el discurso, aunque siempre congruente.
Es por ello, que más allá de estadísticas, atinos y desaciertos (que claro deben cuestionarse y sancionarse de ser el caso) el pueblo de México, en su gran mayoría, reconocemos, admiramos o queremos a Andrés Manuel, o las tres juntas, porque aun con sus claros-oscuros como todo ser humano, a veces dio manotazos en la mesa o desdeñó homólogos sin diplomacia, pero defendió la soberanía nacional; se hincó donde se hinca el pueblo, demostrando que la frase «Amor con amor es paga», más que un mantra, es la reciprocidad a quien tomó el poder para convertirlo en virtud.
[1] https://www.proceso.com.mx/nacional/2007/1/9/arranca-credencializacion-de-representantes-del-gobierno-legitimo-30790.html





