Aquellas semanas en las que pasaron décadas. A dos años del gran triunfo

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Aquellas semanas en las que pasaron décadas. A dos años del gran triunfo

Por Diego Del Bosque | lunes, 29 de junio del 2020.

Coahuila, y en particular Saltillo, fue siempre un territorio complicado para el obradorismo. Durante toda una primera etapa (2005 y 2006), los simpatizantes estuvimos organizados al margen de cualquier coordinación nacional y partido político. Luego, el Gobierno Legítimo y las sucesivas formas de organización nacional que se crearon fueron dando lugar a cierta organización, nunca terminada del todo hasta nuestros días de Morena. En el 2009, se decidió apoyar a una candidatura al Congreso Federal en un distrito de Saltillo. Nadie pensaba que se ganaría, sino que se pensó en una posibilidad para difundir la agenda de nuestro movimiento e integrar a más personas. Al mismo tiempo, estimamos que el trabajo de brigadeo casa por casa de una veintena de voluntarios, debería también tener efectos en la votación. El golpe de realidad fue brutal. El resultado fue igual que los que normalmente tenía el PT, partido que cedió la candidatura (lucha por el registro); y, en nuestro distrito, ganó el PRI con el voto más abultado en todo el país en aquella elección: casi 70%.

Desde la Ciudad de México, se hicieron análisis tomando en cuenta la votación de 2006. Se establecieron metas de afiliación al movimiento en función de cuántas personas habían votado por secciones electorales a favor de AMLO. Estas metas parecían muy razonables e incluso es posible que en algunos lugares del país lo fueran. Sin embargo, al llegar a las colonias a tocar puertas, invitar a la gente y platicar con los vecinos, nos encontramos con apenas un puñado simpatizantes abiertos, al punto que cualquiera de mis compañeros de aquel entonces seguramente recordará a cada uno de estos simpatizantes por nombre, como lo hago yo. La mayoría de los que habían votado lo hicieron sin convencimiento, con dudas, con reticencias, con desinformación: “que ya robe otro”, “pues votamos para ver si es cierto, pero no, no me interesa”, etc. 

Durante mucho tiempo, uno de los principales antídotos frente a la infortunada -y quizá inevitable- tendencia a la subdivisión y los conflictos internos en el movimiento que adoptamos, fue el activismo casa por casa. Durante años decenas de personas salimos una o dos veces por semana, organizados, a repartir documentos de elaboración propia o, cuando existió, Regeneración, platicar con los vecinos, detectar simpatizantes, intentar hacer comités de base. Sería muy romántico ahora, a dos años del triunfo, pensar que ese trabajo voluntario y tenaz dio, al fin, sus frutos. En realidad, creo que los efectos fueron muy modestos. Aproximadamente a partir de finales de 2017, algo había cambiado, y definitivamente nuestras visitas casa por casa no eran la causa. La gente nos recibía con entusiasmo “Son los de Obrador, háblale a tu hermano”. La gente preguntaba sobre cómo participar; Se desvivían en quejas contra los gobiernos locales y contra el federal. Decenas de lideresas del PRI de las colonias no solo no nos cerraron las puertas como acostumbraban, sino que se quejaban también del gobierno y sacaban a cuenta innumerables actos de desprecio clasista de parte de sus coordinadores priistas (de ese PRI local de señoritingos). Nos tomó por sorpresa a todos.

Ya durante la campaña, en lugar de la dificultad que habíamos tenido antes para lograr distribuir la propaganda que llegaba al partido (como los microperforados para vehículos), nos encontramos con la dificultad para tener suficiente material dada la enorme demanda. Se llegaron a hacer filas en la entrada a la colonia Mirasierra (la más poblada de Saltillo) de decenas de vehículos esperando a que colocáramos el microperforado de la Coalición. Entonces supe que venceríamos.

Un par de años antes, yo pensaba que sería imposible. Con el INE y el TEPJF controlados por la derecha y la cerrazón de la oligarquía mexicana, sencillamente no veía cómo ahora sí se respetaría el triunfo electoral. Mi decisión era que, después del 2018, ya no buscaría una participación tan activa en el movimiento. Tenía un montón de pendientes, como tantos compañeros que posponían la posibilidad de empleos, postgrados o incluso de un matrimonio hasta  cuando las necesidades del movimiento amainaran. El 2018, según yo, serviría no para llegar al poder, sino para exhibir las instituciones al punto tal que en el país tendría que considerarse que la vía electoral estaba cancelada para la izquierda. Eso sería un avance y para ello había que lograr, entre otras cosas, movilizarnos y estar en todas las casillas cuidando los votos. El resultado permitiría que la lucha siguiera, pero considerando esa nueva circunstancia. 

Afortunadamente, estaba equivocado. ¿Qué ocurrió en ese periodo tan breve? ¿Cómo fue creciendo entre tantas personas el total rechazo al sistema político corrupto e inmoral que significaron el PRI y el PAN? ¿Qué poderosa fuerza estaba latente en el pueblo de México? Sí, hay décadas en las que no pasa nada y semanas en las que pasan décadas.

Por Diego Del Bosque | lunes, 29 de junio del 2020.

Diego Del Bosque

Diputado Federal por MORENA. Ingeniero Agrónomo en Desarrollo Rural. Trabajaba de multiusos en un bar de Saltillo.

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