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Atenco: del autoritarismo neoliberal a la Transformación humanista

postal PP horizontal Hector Zariñana

La historia de San Salvador Atenco, en el Estado de México, representa uno de los episodios más dolorosos y al mismo tiempo más emblemáticos de la resistencia popular frente al autoritarismo neoliberal. En 2006, este pueblo fue brutalmente reprimido por el régimen del entonces presidente Vicente Fox Quesada y el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto. ¿Su «delito»? Defender su tierra, su agua y su dignidad frente a un proyecto aeroportuario impuesto sin consulta, sin respeto y con total desprecio a la voluntad del pueblo.

Lo que sucedió en Atenco fue una operación de Estado, una muestra de cómo los gobiernos neoliberales respondían a la protesta social: con violencia, represión y criminalización. Durante los días 3 y 4 de mayo de 2006, más de 4 mil elementos de las fuerzas federales y estatales ingresaron con lujo de violencia a las calles y casas del pueblo. Hubo golpizas, detenciones arbitrarias, allanamientos ilegales, tortura y violencia sexual contra mujeres. En total, fueron más de 200 personas detenidas, dos jóvenes asesinados y decenas de víctimas de abusos graves a los derechos humanos.

Peña Nieto, entonces gobernador, no sólo ordenó la represión sino que se vanaglorió de ella en medios nacionales, presentándose como el “hombre fuerte” del PRI, forjando así el camino que lo llevaría a la Presidencia. Vicente Fox, por su parte, permitió y solapó este crimen de Estado desde Los Pinos, alineado a una lógica neoliberal que concebía al pueblo como obstáculo para el «progreso», el cual entendían como grandes obras impuestas desde arriba, sin democracia participativa, sin respeto a los pueblos originarios.

Este modelo, basado en el despojo, la privatización y la violencia institucional, tuvo su expresión más clara en Atenco. Sin embargo, el pueblo no se rindió. Gracias al liderazgo de figuras como Ignacio del Valle y al acompañamiento de organizaciones nacionales e internacionales, se logró visibilizar la magnitud de los atropellos, al grado de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado mexicano por estos hechos en 2018.

Frente a ese pasado de ignominia, el cambio llegó con la Cuarta Transformación. El gobierno de AMLO representa una ruptura ética y política con el régimen neoliberal. En lugar de represión, el nuevo gobierno ha optado por el diálogo, el reconocimiento a los pueblos originarios, y la defensa del territorio. Una de las primeras decisiones de AMLO como presidente fue cancelar el proyecto del nuevo aeropuerto en Texcoco, precisamente en la zona que había motivado la represión de 2006. Esa cancelación no fue sólo técnica o financiera, fue política, fue un acto de justicia con Atenco.

El día 3 de mayo, en una fecha cargada de memoria y dignidad, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, acudió a San Salvador Atenco en un gesto de profundo simbolismo. A diferencia de Peña Nieto, que llegó con granaderos y violencia, Sheinbaum fue recibida con respeto y reconocimiento. Don Ignacio del Valle, histórico luchador social y símbolo de la resistencia de Atenco, le colocó un paliacate en señal de bienvenida y confianza. Este acto, sencillo pero profundamente significativo, representa el parteaguas entre un pasado autoritario y un presente de transformación humanista.

La presencia de Claudia Sheinbaum a 19 años del Mayo Rojo en Atenco no es un hecho aislado, se rinde homenaje a Alexis Benhumea, estudiante solidario que fue acogido por el pueblo durante la represión. Se agradece la solidaridad y se recuerda la liberación de los 207 presos del operativo “Rescate Atenco”. Se reitera la demanda histórica de una universidad y un hospital, como parte de la justicia social para Atenco. Se inscribe en una política de Estado orientada a reparar el daño, garantizar la no repetición y construir una nueva relación entre el gobierno y el pueblo. Es también la expresión de un liderazgo sensible, comprometido con los derechos humanos, y con una visión de desarrollo que pone al centro a las personas, no a los intereses inmobiliarios ni a las imposiciones del capital.

La Cuarta Transformación, en voz de Sheinbaum y AMLO, ha dejado claro que nunca más un México sin sus pueblos. La justicia no puede ser simulada ni postergada. Hoy se construye desde el reconocimiento, la memoria y la dignidad. Lo sucedido en Atenco no se olvida, pero también es cierto que hoy, gracias al cambio de régimen, se transforma en esperanza y en futuro.

Su historia es ahora parte de una memoria viva que impulsa una nación más justa, más democrática y profundamente humanista.

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