Pluma Patriótica

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Mercurio Cadena

Barrigas llenas

Las contradicciones, cuando son desvergonzadas mudanzas de significación por interés, por ambición, por una sordidez cualquiera, son tan infamantes como los motivos del cambio; pero yo os digo que si alguna vez oyese la voz de mi deber en contra de lo que hubiera con más calor toda mi vida sustentado, me consideraría indigno de vuestra estimación, y en mi conciencia me tendría por prevaricador, si no pisoteaba mis palabras anteriores y ajustaba mis actos a mis deberes.

Antonio Maura es citado por Azorín, en su brevísimo capítulo de las contradicciones, con el objeto de fijar una posición ética: ni la contradicción es señal de falsedad ni lo es de verdad la incontradicción. Cuando se vira honestamente es, más bien, señal de compromiso, de virtud. 

Para comprender esta postura hay que recordar el punto de partida de Azorín: la persona política es un sujeto ético, en la medida en que tiene un compromiso con la transformación virtuosa de la realidad. La responsabilidad de su oficio no es la de la academia (ampliar el entendimiento general de las cosas) ni la del activismo (la mera proyección de una vida comprometida). A él o ella corresponde el cambio social: la modificación de estructuras culturales y materiales para la dignificación de lo concreto. Deviene, pues, en irresponsable, en inmoral, cuando falta a esta labor; cuando no transforma nada, o cuando transforma para mal. 

Quienes carecen de este compromiso (teniendo otros, sin duda) no parecen entender el dilema que le imponen al político que honestamente ha cambiado de opinión o de postura cuando le piden que desprecie las mudanzas. Le piden, bajita la mano, prevaricar: faltar, a sabiendas, a sus obligaciones y deberes con la dignificación de la realidad; fetichizar una serie de prácticas o valores dados, independientemente de su potencial transformador. 

Puede parecer poca cosa cuando el compromiso se tiene con meras convicciones o con el fetiche de la imagen, y sin embargo, ¿qué se pensaría de quien le pide al académico mentir, o al activista enmudecer? ¿Qué se piensa de quien pasa por el poder de noche? 

Es falso el dilema que exige sólo asignarle valor a las polémicas conviccionales. Hay mucho de bueno en una ética transformativa, sin la cual se renuncia al cambio material y cultural que le es urgente a quienes menos tienen. Eso sí: quienes más tienen y deciden enfrascarse en la mera lucha de ideas, retendrán (irresponsablemente) el sosiego de la irreflexión, y la barriga llena.

 

Mercurio Cadena. Abogado administrativista especializado en administración de proyectos públicos.

Twitter: @hache_g

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