El pasado domingo cuatro de mayo quedó marcado en la historia como un momento clave referente a la forma en que ahora se debe de hacer política. En el VI Congreso Nacional Ordinario de Morena, se aprobaron reformas trascendentales que no solo fortalecen los principios fundacionales del partido, sino que también representan un acto de responsabilidad política y ética con el Pueblo de México. Para construir una Transformación verdadera, no basta con ganar elecciones, hay que tener coherencia, integridad ideológica y rumbo moral.
A diferencia de los partidos del pasado, Morena ha nacido del Pueblo, y por ello tiene la obligación de mantenerse como un instrumento del poder popular, no como un refugio de ambiciones personales. Las propuestas aprobadas este domingo representan un blindaje frente a las viejas costumbres de aquella política que tanto daño le hizo al país, y a su vez son un paso firme hacia la consolidación de un partido-movimiento disruptivamente genuino y distinto.
A partir de ahora, ha quedado plasmado en nuestros estatutos las prohibiciones al nepotismo, el derroche, los excesos y los privilegios que por tantas décadas caracterizaron a la clase política. Han quedado prohibidos los viajes lujosos al extranjero, las campañas anticipadas, el uso indebido de recursos públicos, y cualquier intento de filtración o guerra sucia interna que busque dividir al movimiento. Porque en Morena no se viene a servirse, sino a servir.
Esto no solo representa un acto de congruencia al interior de nuestro partido, sino un gran ejemplo para la partidocracia y la clase política en general, se les acaba de dar un ultimátum, llegando así el momento en que deben de actualizarse y mejorar, o asimilar su inminente desaparición. No me cabe duda de que las presentes propuestas aprobadas al interior de Morena dentro del VI Congreso Nacional Ordinario se convertirán en el piso mínimo de aquello que tendría que hacer un partido político que busque contender por el voto de las personas.
A su vez, uno de los acuerdos más importantes emanados del Congreso Nacional fue la prohibición total para que cualquier servidor público o dirigente del partido reciba apoyos de empresarios, poderes fácticos o grupos de interés económico. Esto es un acto que representa directamente la protección de la voluntad del Pueblo en contra de quienes han querido desde siempre comprar y mercantilizar la política como si esta se tratara de un negocio. Con esto se logró reafirmar los principios fundacionales del partido: “no mentir, no robar y no traicionar al Pueblo”. En Morena no hay lugar para los pactos en lo oscurito ni para los compromisos con el poder económico. El único compromiso que deben de mantener los servidores públicos o dirigentes emanados de Morena debe de ser con las personas, con el Pueblo.
Dentro del Congreso Nacional también se puso un alto a las propuestas irresponsables y populistas, aquellas que prometen todo aquello que no se puede cumplir, solo para ganar una encuesta o posicionarse internamente. Morena no necesita de promesas huecas, necesita de personas con convicciones profundas. Necesita militantes conscientes y comprometidos con la Transformación, no oportunistas que busquen aprovecharse de las personas.
Lo aprobado este domingo envía un mensaje claro, Morena no será rehén de las prácticas del pasado. No permitiremos que el proyecto de nación más importante de nuestra historia reciente se vea amenazado por intereses mezquinos o ambiciones personales. La Transformación nacional es demasiado valiosa como para permitir que la perviertan los vicios de la política de siempre.
Hoy más que nunca debemos cerrar filas en torno a nuestra Presidenta, y seguir construyendo con ella el segundo piso de la Cuarta Transformación. Porque cuidar al movimiento es cuidar el futuro de México.
Sigamos luchando, pero del lado de los principios. Sigamos profundizando la Cuarta Transformación.




