Soy hijo de la educación pública. De las secundarias a las que nadie ubica por nombre sino por su número (Secundaria Técnica 54, y secundaria “para trabajadores” #23), también de la Prepa 6, y egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, ambas de la UNAM.
Hijo de obreros con apenas educación básica (mi mamá estudió la secundaria conmigo y la prepa con mis hermanos), la UNAM fue para nosotros un apoyo invaluable para poder subir un eslabón en la “cadena alimenticia” de la sociedad.
No recuerdo cuándo fue la primera vez que visité el Centro Cultural Universitario de la UNAM. Pienso que hará al menos unos 35 años (este año cumplo 51). Desde la primera vez que visité el Cinito, me hice visitante asiduo de del CCU.
He disfrutado el Taller Coreográfico de la UNAM y he aplaudido su Sensemayá. Lloré la partida de Gloria Contreras. Cuando el tiempo me lo permitía, asistía incluso al Carlos Lazo de Arquitectura a disfrutar los espectáculos los viernes al mediodía.
He asistido a las grandes obras de teatro, y recuerdo siempre con mucho entusiasmo la puesta en escena de La vida es sueño de Calderón de la Barca y una adaptación del clásico griego Edipo.
También he presenciado grandes películas en sus salas de cine.
Sin embargo, lo que más he disfrutado a lo largo de los años ha sido la Sala Neza, de donde incluso soy miembro de número de #FanOFUNAM.
Insisto en el hecho de que soy hijo de la educación pública y que mí, la UNAM me lo ha dado todo. No es de extrañar que uno de los significados de alma mater sea precisamente el de «madre bondadosa».
El pasado domingo 20 de julio, el llamado “Bloque Negro” ingresó a la UNAM y realizó destrozos en el MUAC y saquearon la Biblioteca. ¿Qué se creen esos cobardes embozados? ¿Qué tiene que ver el Museo con la manifestación contra la gentrificación? ¿Por qué los organizadores no han hecho un pronunciamiento público desmarcándose de los hechos? A menos que aprueben sus acciones…
¿De dónde salen esos grupos de “acción directa”? ¿Quién los financia? ¿Por qué se autodenominan “anarquistas” siendo que cuando los entrevistan es evidente que en su vida han leído a los Flores Magón, a Bakunin, Kropotkin o Emma Goldman?
Las acciones de esos grupos de choque tienen más en común con el sinarquismo y lo más rancio de la derecha, que con un movimiento de reivindicaciones sociales.
¿Por qué la autoridad no los contiene? Por supuesto que tienen la capacidad para hacerlo. ¿Falta de voluntad política? ¿O es que acaso las acciones violentas desvirtúan las demandas de la marcha y por eso dejan libres a esos personajes?
Se deben dar muchas explicaciones sobre lo ocurrido en esta marcha y sobre el origen del “Bloque Negro”, y las denuncias de la UNAM deben de servir para algo más que cobrar los seguros y reparar los daños causados.
Como ciudadano que se ha manifestado siempre desde la izquierda y siempre “sin romper un solo vidrio” como bien decía el Presidente López Obrador, las acciones de estos embozados (ergo, cobardes) me indignan y me sublevan y como “hijo” de la UNAM, es una afrenta personalísima que espero que paguen con mucho tiempo tras las rejas, los causantes de los destrozos.
No es sólo la UNAM nuestra “Madre Bondadosa”, para los que ahí hemos pasado por sus aulas, es también Patrimonio Cultural de la Humanidad, por lo que estos ataques deben también ser considerados como crímenes de Lesa Patria, además de todas las responsabilidades penales y administrativas que se desprendan de esos cobardes asaltos.
En nuestro país, la libertad de expresión y manifestación están vigentes y garantizados para toda la población, al menos desde 2018. Medios y personas pueden abiertamente mentir y tergiversar la información y los hechos, pueden difundir bulos, fake news, desinformar y más y nada ni nadie les ha censurado.
Atacar a la UNAM no sólo es, en este contexto, cobarde e innecesario, sino además una muestra de profundo desconocimiento de la cosa pública (Idiotas, pues, etimológicamente hablando).
Esperemos a que las autoridades puedan castigar estas conductas inaceptables en una democracia en construcción como la nuestra.
Profundamente indignado.



