Pluma Patriótica

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Bolivia: El fraude que no fue, el golpe que sí

Andrés Páez Díaz Infante.

El término democracia puede descomponerse en dos vocablos para encontrar su significado etimológico. Démos, que se traduce en pueblo y krátos, como poder. De esta forma, etimológicamente, la palabra democracia significa “el poder del pueblo.” Eso es esencialmente lo que la presidenta de facto boliviana Jeanine Añez violó mediante un golpe de Estado avalado por la Organización de Estados Americanos (OEA). Hoy pretendo explicar esto tanto desde una visión electoral como institucional, además de la importancia que tendría contar con un secretario general de la OEA que no impusiera sus filias personales en la misma. 

El 20 de octubre de 2019 se realizaron elecciones para elegir al presidente y vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, 130 diputados y 36 senadores para el periodo 2020-2025. El presidente constitucional Evo Morales triunfó con el 47,08% mientras que el opositor Carlos Mesa sumó 36,51%. Esta diferencia del 10% evitaba en primera instancia una segunda vuelta, por lo que Evo Morales sería reelecto. Pero lo dicho no fue así. La OEA elaboró un informe a través de su Misión de Observación Electoral (MOE) donde clamó irregularidades en el recuento de votos tras la interrupción por varias horas de este. El informe ha sido severamente criticado al grado de que dos académicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) John Curiel y Jack R. Williams publicaron el 28 de febrero de 2020 un estudio que tiene como conclusión la falta de evidencia estadística que demuestre algún fraude en las elecciones de octubre. Además, dos estudios anteriores por expertos independientes llegaron a conclusiones similares: no existe evidencia de un fraude electoral.

Lo anterior resulta especialmente grave pues el informe de la OEA –cuando menos impreciso y sin evidencias científicas–, dio pie a la ruptura del orden constitucional boliviano.  El 10 de noviembre del 2019 los militares “invitaron” al presidente Morales a abandonar el poder e invistieron a la senadora Jeanine Añez. En Bolivia, en México o en China eso se llama golpe de Estado y la OEA lo solapó. No hay más. Resulta preocupante y aberrante. Todo justificado en un supuesto fraude que nunca pudo ser comprobado interrumpiendo el mandato de un presidente que había triunfado en 2014 con el 63% de la votación siendo el final de su periodo constitucional el día 22 de enero de 2020.

Por si fuera poco, el atropello democrático no solo fue a la vía electoral sino también a la institucionalidad del país. El martes 6 de marzo del 2020 la Asamblea Plurinacional de Bolivia destituyó al ministro de Defensa Luis Fernando López Julio. Su destitución deriva de la masacre de Senkata donde tras la llegada de Jeanine Álvarez al poder se reprimieron manifestaciones que denunciaban el golpe. Lo anterior tuvo un saldo de alrededor de 19 muertos. La presidenta de facto destituyó al ministro, pero prosiguió a nombrarlo de nuevo haciendo caso omiso al legislativo. Una burla para la institucionalidad y la estabilidad democrática que debe primar en cualquier país. Todo lo anterior justificado en un informe incorrecto y mal elaborado por la OEA. 

El manejo de Luis Almagro como secretario general ha sido un desastre vergonzoso. La institución se ha manejado con parcialidad y saña entorno a retos complejos como el boliviano o el venezolano y brillando por su ausencia en el chileno. Ningún organismo internacional puede o debería actuar con parcialidad pues merma su eficiencia y credibilidad. Sobre todo, en temas electorales y de derechos humanos. Por ello resulta preocupante que Almagro pretenda reelegirse. Ha dinamitado la credibilidad de una organización que debe jugar un papel fundamental para la estabilidad democrática de la región y que al contrario como en el caso boliviano la ha desestabilizado. Así creo que los Estados miembros deberían pensar su voto dos veces antes de reelegir a Almagro. Ha dejado mucho qué desear en una región que se enfrenta como todo el mundo a retos de gran complejidad.

 

Andrés Páez Díaz Infante. Estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Iberoamericana. Demócrata convencido de la izquierda progresista e Integrante del Primer Parlamentario Juvenil de la Ciudad de México.

Twitter: @andrespaezdi

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