La democracia es el espacio para disentir. Su esencia radica en la búsqueda de acuerdos que, si son auténticos, pondrán siempre el énfasis en las ideas y su impacto para una mejor sociedad, por encima de las personas y sus intereses particulares. Cuando se logra esto, se dignifica la política, entendida como el arte y la ciencia de la transformación y principal herramienta gestora del bien común.
Sin embargo, la pluralidad es tan rica como perspectivas tiene un ser humano para observar la realidad. En los regímenes autoritarios, esto se percibe como un obstáculo. En la Cuarta Transformación, comprendemos que México es plural desde su origen hasta nuestros días. Si bien buscamos, mediante el diálogo y la argumentación, convencer al mayor número posible de personas, entendemos y celebramos que no existen consensos absolutos.
Víctor Trujillo, el actor que da vida a Brozo, emergió en el panorama nacional en los lejanos tiempos de Imevisión, para luego consolidarse como una figura central en los noticieros de Televisa. Con el paso del tiempo, su comedia fue acentuando un machismo que trataba de disfrazar con humor. Su misoginia se evidenció a través de la cosificación constante de las mujeres. A lo largo de su trayectoria, encontramos cartas de protesta y desplegados que denuncian sus actitudes contra los derechos humanos, denuncias que Trujillo decidió ignorar sistemáticamente.
La peor noticia para un comediante es que el sentido del humor le abandone. Y la mayor desgracia para un analista político es perder la credibilidad. En el caso de Víctor Trujillo y su personaje Brozo, se da la letal combinación de ambas desgracias. Desde hace tiempo, su trabajo se volvió vacío. La previsibilidad y el sesgo evidente en sus intervenciones han dilapidado cualquier vestigio de humor. Hoy, su único tema y obsesión es la Cuarta Transformación, contra la cual solo tiene groserías que elevan los decibeles sin aportar nada a la reflexión crítica. De ser una figura relevante del análisis político, pasó a convertirse en el patiño de Carlos Loret de Mola, un personaje conocido por sus montajes y su falta de rigor periodístico.
Hace unos días, Brozo arremetió contra Luisa María Alcalde. Sin aportar información o argumentos sólidos, lanzó ataques basados en lugares comunes contra el trabajo de la presidenta de nuestro partido. Salvo el grupúsculo sectario que aún lo sigue, sus palabras no resonaron. Hoy, el actor enfrenta un descrédito monumental.
Es momento de señalar con claridad que Luisa María Alcalde lidera un partido que respeta la crítica y fomenta la autocrítica. Bajo su dirigencia, Morena se consolida como la vanguardia del Segundo Piso de la Transformación. Arraigo con la militancia, honestidad a toda prueba, resultados en su trayectoria política y visión de futuro son los valores con los que la presidenta del partido supera airosa el fango de una oposición moralmente derrotada.



