Cuenta la leyenda urbana que, en las campañas electorales para la presidencia de México en 2006, del partido Acción Nacional se emanaba un personaje que se rasgaba las vestiduras al autonombrarse el presidente del empleo y las manos limpias.
El balance de los casi seis años de su gobierno arrojó resultados desoladores en materia laboral. Las políticas del primer mandatario fomentaron la subordinación institucional a los intereses de un puñado de particulares, debilitaron el mercado interno y contribuyeron al empobrecimiento de los trabajadores.
Esta conclusión es parte de un diagnóstico realizado por el Centro de Reflexión y Acción Laboral (Cereal). En 2012, para finalizar el sexenio de Felipe Calderón, en México más de ocho millones de personas se encontraban en el desempleo de acuerdo con información del Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la Facultad de Economía de la UNAM.
Qué decir del espaldarazo a las demandas de organismos y deudos de los 65 mineros muertos en Pasta de Conchos, Coahuila en febrero de 2006; el Estado mexicano quedó exhibido ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y otros organismos internacionales por la cadena de mentiras, omisiones y encubrimientos en que incurrió.
Para rematar la astucia del “presidente del empleo” ocurrió el caso del Sindicato Mexicano de Electricistas y el de los trabajadores de la Compañía Mexicana de Aviación.
El gobierno calderonista terminó por configurar un “sexenio trágico” para los mexicanos: una fracasada guerra contra el narcotráfico que dejó 83 mil 191 ejecuciones registradas de acuerdo con datos oficiales; sin embargo, otras fuentes revelan más de 200 mil.
¿Y el empleo? Es la respuesta que millones de mexicanos quedaron esperando.
La droga continúo subiendo a Estados Unidos, el gran consumidor, y las armas regresan a México desde el norte, donde siguen causando miles de muertos.
La doble moral de Felipe Calderón no tuvo límites; en su gabinete se coludían con el crimen organizado y simularon enfrenar una guerra, cuando ellos mismos eran los protagonistas.
Los encargados de la seguridad nacional, el expolicía Iván Reyes Arzate, quien fuera uno de los hombres más cercanos a Genaro García Luna cuando este fungía como titular de la Secretaría de Seguridad Pública durante el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, se declaró culpable ante un juez en Estados Unidos de conspiración para la distribución de cocaína.
Ahí quedaron nuestros jóvenes miles asesinados, sin empleo, reclutados por el crimen organizado, sin futuro y el Pueblo con hambre.
Ya no podemos regresar a las políticas de guerra fallida, hoy la Transformación con inteligencia financiera enfrenta a los cárteles y se dignifica a nuestras fuerzas de seguridad.





