junio 14, 2021

Pluma Patriótica

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martes, 28 enero, 2020

¿Cómo gobierna la mujer si "la mujer" no existe?

En las últimas semanas, la participación política y la representación democrática de las mujeres ha estado en el centro del debate. Hace días leía que Porfirio Muñoz Ledo, en su cumpleaños 86, deseó que la siguiente presidenta de la nación fuera una mujer, e hizo una declaración que llamó mi atención: “Desde que no gobiernan las mujeres nos va mal. Nos queda Ángela Merkel, Theresa May se va”. Por otra parte, el lunes pasado se hizo viral el hashtag #EsTiempoDeMujeres, a través del cual un gran número de activistas, periodistas, magistradas y legisladoras de distintos partidos expresaron su apoyo y convicción en el sentido de que ambas cámaras del Congreso deberían ser presididas por mujeres a partir del 1 de septiembre.

Pero esperen, ¿no habíamos celebrado hace poco más de un mes la #ParidadEnTodo? ¿Por qué entonces el ímpetu feminista por dirigir las cámaras? ¿Qué pasa con declaraciones como la de Muñoz Ledo? ¿Realmente las mujeres hacemos política de forma distinta a los hombres? ¿Deberíamos hacerla de forma distinta? ¿Quién nos asegura que las mujeres que lleguen al poder legislarán y gobernarán en favor de todas las demás?

¡Puf! Qué denso todo. Mejor vamos por partes. ¿De dónde surge la segregación política de las mujeres? Desde Platón, el mundo dicotómico ha sido la base del pensamiento occidental; es decir, las personas solemos concebirlo todo en dos esferas mutuamente excluyentes, por ejemplo: los hombres y las mujeres. De acuerdo a Diana Maffia en su texto Contra las dicotomías, el hombre está socialmente ligado con lo objetivo, lo universal, lo racional, lo abstracto, los hechos, la mente y lo literal; mientras que a las mujeres se les vincula con lo subjetivo, lo particular, lo emocional, lo concreto, los valores, el cuerpo y las metáforas.

Esta vinculación de conceptos y atributos no sólo impactará la relación interpersonal de los individuos, sino que también marcará pauta en la forma en la que se experimentan todas las actividades y contextos, como la sexualidad, la familia o procesos tan fundamentales como la autodefinición de la personalidad, pasando por el espacio físico, particularmente importante el día de hoy, pues será clave para entender la experiencia diferenciada en el espacio público —vinculado con los hombres— y el espacio privado —vinculado con las mujeres—.

El problema por el cual el espacio público se vuelve estratégico en el control del resto de las esferas radica en que es precisamente ahí donde se exponen las opiniones, se contrastan, se discuten y pueden incluso convertirse en acciones una vez votadas por los miembros de una comunidad. Es a partir del espacio público y la llegada de las mujeres a los puestos de toma de decisiones que se puede lograr la incorporación de sus demandas en la agenda pública.

A pesar de que en los años recientes ha habido diversos esfuerzos por democratizar la participación político-electoral y propiciar la inclusión de las mujeres en la administración pública, se siguen presentando resistencias por parte de distintos actores que se niegan a ser gobernados por una mujer. A partir de la implementación de cuotas de género, son comunes los reportes de mujeres candidatas que, tras ser electas, renuncian para permitir que sus suplentes hombres ocupen el cargo. Esto se ha querido controlar a partir de restringir la inscripción sólo a fórmulas del mismo género.

Existe también el vicio de los partidos políticos que lanzan candidatas en territorios donde la dirigencia sabe que, de todos modos, se van a perder. Incluso los partidos usan la estrategia de competencia entre equipos de candidatos: un juego en el que quien pierda tiene que poner a la candidata mujer para la siguiente elección. O sea que en estos casos cumplir con la cuota de género se ve como un castigo.

Por otra parte cabe preguntarnos, una vez dentro de las cámaras ¿cuáles son los puestos y los temas sobre los que deciden las mujeres? ¿Hay una reproducción de los roles de género cuando se elige quién presidirá qué comisión? Sí, los roles de género siguen aún presentes en el ejercicio del poder, las cuotas no tienen la capacidad de controlar esto.

Aún hoy dentro de las comisiones que son tradicionalmente concebidas como “femeninas” es donde se apeñusca al género femenino, particularmente en la Comisión de Equidad de Género. Es difícil que haya mujeres presidiendo comisiones tradicionalmente “no femeninas”, a pesar de que estas son fundamentales al momento de legislar en pro de la equidad. De ahí la importancia de que una mujer presida las cámaras y logre la incorporación femenina en todos y cada uno de los espacios de la administración pública.

Por otra parte, ciertos sectores del país han puesto exclusivamente sobre los hombros de las mujeres todo el peso de su esperanza para cambiar las viejas formas de gobernar. Algunos tienen la idea de que los hombres, a causa de su masculinidad hegemónica, han fallado en su intento por gobernar. Resulta común escuchar comentarios que vinculan a los hombres con el capitalismo rampante, los enfrentamientos armados, la corrupción y la destrucción del medio ambiente, mientras que la mujer ha sido asociada con la paz, lo comunitario, el bienestar y la organización horizontal, incluso con el cuidado de la naturaleza.

Desde que no gobiernan las mujeres nos va mal”, dijo Muñoz Ledo. A ver, sí y no. Más allá de entrar en una discusión sobre si la mayoría de las mujeres cumple socialmente con el estereotipo y por qué, o de remarcar que nuestro género no es, de forma alguna, el factor único que define nuestros principios y el proceso a partir del cual tomamos decisiones (no es lo mismo Margaret Tatcher que Eva Perón, y es válido tener preferencias al respecto), creo que lo más importante es remarcar lo siguiente:

Las mujeres —atención al plural—, en nuestra inmensa diversidad de creencias y convicciones, no deberíamos defender nuestra legítima llegada al ejercicio del poder bajo la lógica o la promesa de que gobernaremos de una forma particular y homogénea según el otro (el hombre) tiene pensado que lo hagamos por asociación a un rol de género. Rol que además recordemos que ha sido cuestionado y rechazado innumerables veces de forma parcial o total por muchas de nosotras.

No, el argumento que debería bastar para defender nuestra llegada es que somos el 51 por ciento de la población nacional y que es lo mínimo justo que se reconozca que durante siglos fuimos relegadas a la esfera privada. Pero más importante aún es que haya mecanismos en la ley que propicien y aseguren de una vez por todas que tengamos representación, poder y participación real en la democracia nacional.

Aunque para lograr eso, y Porfirio Muñoz Ledo ha demostrado saberlo desde hace tiempo, hará falta mucho más que sólo un deseo de cumpleaños.

Camila Martínez Gutiérrez. Estudiante de Comunicación Política
en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM
y tiene estudios en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca.
Actualmente es integrante del Primer Parlamento de Mujeres
de la Ciudad de México.


@CamMttz

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