Pluma Patriótica

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Capitalismo y Cuarta Transformación

Por: José Antonio Munguía

Llamémosle como queramos llamarle, la sociedad tiene una lucha de contrarios. Con el ascenso del capitalismo como modo de producción dominante, primero dentro de un territorio nacional y luego como sistema económico mundial, surgieron contradicciones intrínsecas al mismo. El capitalismo es una relación social que requiere de hombres libres y de medios e instrumentos de producción; es decir: gente con capacidad para trabajar. Así, el capitalista, dueño de los medios de producción, al comprar la fuerza de trabajo puede comenzar el ciclo de producción de mercancías que serán cualitativamente distintas a las compradas inicialmente.

Sin embargo, cuando los trabajadores producen también crean valor que no les es pagado en su totalidad, el salario sólo es el precio de la fuerza de trabajo. La diferencia entre el salario y el valor producido en la jornada de trabajo es lo que se llama plusvalía, es decir, la parte excedente no remunerada. La relación entre el valor que se queda el trabajador y el valor excedente da la tasa de plusvalía, es el grado de explotación de los trabajadores. Eso implica que las ganancias, aunque se manifiesten el acto de compraventa, en la circulación de mercancías, se generan en la producción como resultado de la explotación de los capitalistas sobre los trabajadores.

Esa conclusión es el pecado que, a Carlos Marx, no le perdonan. Por ello, en las sociedades capitalistas actuales se trata de eliminar de las ciencias sociales la ciencia marxista desde los centros educativos. Económicamente, la contradicción entre el capital y el trabajo es antagónica: uno de los dos debe perecer para que el otro triunfe, y en esa lucha de clases, el capital va ganando. Entender esto es fundamental para explicarnos la dominación, la miseria, la violencia multiforme y por qué son tan individualistas y egoístas las relaciones humanas actuales.

Ahora, en el campo político, que nunca está separado del campo económico ni de la sociedad, se pueden generar contradicciones que llegan a un consenso y que parecen no antagónicas. Es el caso de las discusiones en el Congreso de la Unión, en donde a pesar de las diferencias casi siempre se llega a conclusiones. ¿Quién frena los avances democráticos que beneficien a los sectores trabajadores? Aunque nos parezca lógico, son legisladores de partidos políticos con sus proyectos de nación. Pero esa es la forma en que se nos presenta el fenómeno, lo esencial son los intereses de clase que presionan, pagan, corrompen, compran la voluntad popular representada en tal o cual legislador, servidor público o gobernante.

La historia del capitalismo es también la historia de la lucha del proletariado por su emancipación. Durante el siglo pasado, se dieron una serie de revoluciones burguesas que culminaron con el dominio del capital sobre formas pretéritas de producción material y social, pero suscitaron otras revoluciones impulsadas por y para los trabajadores. Estas últimas revoluciones sociales tomaron los postulados científicos de Marx e intentaron generar otra sociedad sin explotación y se llamaron socialistas; claro que para que deje de existir esa aberración, debe alcanzar todos los lugares del planeta para que no existan ni sujetos ni naciones que opriman a su semejante.

El capitalismo bajo su forma estatal tiene teorías sobre la distribución de la riqueza, pero sin tocar la explotación ni la plusvalía. Así, su concepto de “democracia” nos habla de participación y representación para la toma de decisiones y nada más. Entonces, el capital crea un mundo a su imagen y semejanza que se nos impone como un ente superior a nuestra cotidianidad. No creamos que somos libres pues ¿acaso no compramos lo que nos “ofrece” el mercado, es decir, lo que los capitalistas nos venden? Vivimos la dictadura del capital, bajo el nombre de libertad.

Cuando los reaccionarios, es decir, los sectores que defienden el capitalismo por intereses o por ideología, nos achaquen que López Obrador nos lleva al comunismo, lo que están tratando de imponer en la opinión pública —a través de sus medios de comunicación— es que las relaciones sociales de producción capitalistas no pueden ser transformadas. Pero tengamos claro que en México vivimos en el capitalismo y que López Obrador nunca planteó una revolución sino una transformación. Otra cosa es que los trabajadores y demás sectores decidamos tomar partido conscientemente en la contradicción determinante para nuestra autodeterminación como Pueblo.

Incluso con ello, es tanto el interés privado creado en los gobiernos anteriores al actual, que los trabajadores y sectores empobrecidos además luchan contra otras creaciones del capital corruptor como la delincuencia, la violencia y la miseria.  Los reaccionarios, derechistas y procapitalistas no perdonan que otros Pueblos hayan tomado un camino distinto al capitalismo, como la heroica Cuba. Así que, aunque en la academia den por muerto los planteamientos de Marx, la realidad es una a pesar de sus interpretaciones. Si no quieren aceptar que la explotación existe, es porque se han dejado seducir por las “bondades” del silencio, del dinero fácil y de la acrítica esencial: del ponerse precio.

No perdonan que hay pueblos que estamos en la búsqueda de nuestra autodeterminación, sin la mano extranjera imperialista.


@Don_Jochevez
Economista, formado en el Movimiento Estudiantil Espartaco de Puebla. Obradorista de base por convicción.

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