Ciudad de México a 13 diciembre, 2025, 16: 01 hora del centro.
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China es inevitable

postal PP horizontal Hernán Garza

Viajar por China es como asomarse a un espejo que refleja realidades incómodas para los defensores de la democracia liberal, porque demuestra que un Estado pragmático y decidido es mucho más efectivo para garantizar prosperidad y bienestar. Desde su fundación en 1949, la República Popular China estableció prioridades: unificar su vasto territorio, garantizar la educación y mejorar las condiciones de vida para millones de obreros y campesinos marginados. Siete décadas después, en 2020, cumplieron su meta de abolir la pobreza extrema, un logro que no es mera retórica, más de 800 millones de individuos escaparon de la miseria.[1]

Con un Estado soberano que mantuvo el control de sectores clave —Telecomunicaciones, Transporte Público, Energía y el Sistema Financiero—, China apostó por infraestructura pública masiva alentando el espíritu emprendedor de su pueblo.[2] Mientras desplegaba una impresionante red de ferrocarriles de alta velocidad, México acumulaba autopistas concesionadas y de peaje que limitaban la movilidad. Cuando China impulsaba la inclusión digital y el comercio electrónico hasta el último rincón del país, México condenaba a millones de personas a vivir sin conectividad. Y al consagrar China la energía como un bien universal, la reforma energética de EPN transformó la electricidad y los hidrocarburos en mercancías, sin generar inversión productiva, debilitando así nuestra soberanía.

Los multimillonarios chinos emergieron de un ecosistema que prioriza la tecnología, la producción innovadora y la expansión global. Empresas como Huawei, TikTok o BYD, a pesar de boicots y aranceles, conquistaron mercados internacionales, proyectando una imagen de China moderna y vanguardista. En contraste, los magnantes mexicanos son concesionarios de las telecomunicaciones, bancos, televisoras, minas, trenes, aeropuertos y aerolíneas: su riqueza no surge del talento, sino de expropiar bienes públicos marginando a las mayorías más vulnerables, por eso lo que proyectan de México al mundo, no es ingenio, sino una opulencia ostentosa.

Desde 2018, la Cuarta Transformación en México irrumpió para desafiar ese paradigma de despojo. Elevó el salario mínimo en términos reales, expandió los apoyos sociales e inició la reconquista del dominio estatal en el ámbito energético. Los frutos son innegables: entre 2018 y 2024, la pobreza se redujo de 41.9 % a 29.6 %, sacando a 13.4 millones de personas de esa condición —un avance sin precedentes en más de medio siglo—.[3] Sin embargo, aún cargamos con las secuelas de 36 años de privatización de servicios públicos, oligopolios y un sistema financiero que facilita la fuga de capitales, estructuras aún pendientes de transformar en palancas de justicia y desarrollo.

Es indiscutible que China nos aventaja en la transición ecológica contra el calentamiento global y en mitigar desigualdades. Aunque no exista un solo camino para el desarrollo, debemos aprender que la miseria se vence reinvirtiendo fondos públicos y que el medio ambiente se protege con infraestructuras sostenibles y estrategias estatales integrales. Las Ciudades Esponja[4] inspiran el rescate del Lago de Texcoco y la Gran Muralla Verde, para frenar la expansión del desierto de Gobi, respalda el Programa Sembrando Vida. Los servicios universales básicos, que cerraron las brechas de la desigualdad en China, justifican los programas del Bienestar en México.

Por otro lado, es importante reconocer los claroscuros que tiene el modelo chino. El férreo control sobre las redes sociales y la supresión de disidencias han garantizado la integración social, pero degradan el intercambio de ideas y la búsqueda de la verdad. China ha contenido la ola de noticias falsas y el discurso de odio que provocan —entre los más manipulables— deterioro emocional y violencia extrema, como evidenció el reciente asesinato de Charlie Kirk, todo a costa de una sofocante censura.

México, mediante las conferencias matutinas y las giras presidenciales de los fines de semana por el territorio, enseña cómo construir consensos y tejer alianzas con debate público cotidiano. Nuestra fortaleza radica en una autoridad que se legitima dialogando con el pueblo, no silenciándolo. Este diálogo circular también ha resultado efectivo para combatir la guerra mediática, como cuando ProPublica —con su sicario mediático, el Premio Pulitzer Tim Golden— en comparsa con el NYT y mediócratas locales intentaron establecer la narrativa de #AMLONarcoPresidente. Estas calumnias, por lo contrario, configuraron la debacle ideológica de la derecha, que anticipó su derrota electoral en las elecciones presidenciales de 2024.

Hablar de China es inevitable: con determinación y en soberanía, ha logrado construir una sociedad más justa. Pero hablar de México también lo es, porque ejerciendo el derecho de réplica, se protege el derecho a la información. China eligió la unidad, México la palabra: aquí el bienestar se conquista con libertad y en democracia.

[1] Sacar a 800 millones de personas de la pobreza: un nuevo informe analiza las lecciones de la experiencia de China: Banco Mundial

[2] Así llama la profesora de Singapur Yuen Yuen Ang al modelo de gestión híbrido chino que combina la dirección de arriba abajo con la improvisación abajo arriba.

[3] La Jornada – Confirmado: 13.4 millones de mexicanos dejaron la pobreza entre 2018 y 2024

[4] Las Ciudades Esponja es la propuesta para mitigar los efectos del cambio climático del urbanista y arquitecto chino Yu Kongjiang que rescata la sabiduría agrícola china de gestión del agua y su milenaria experiencia de adaptación a la naturaleza.

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