Ciudad de México a 20 enero, 2026, 8: 35 hora del centro.
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Con nuestros paisanos, siempre… dignidad y lucha pacífica

postal PP horizontal Ramón Elorza

En los últimos días, se han encendido nuevamente las alarmas ante un problema que, aunque tristemente no es nuevo, parece recrudecerse con fuerza: la detención arbitraria de muchos migrantes mexicanos por parte de autoridades en Estados Unidos. Las denuncias sobre violaciones a los derechos humanos y el trato racista por parte de algunos cuerpos de seguridad norteamericanos no pueden ni deben pasar desapercibidas.

Hablamos de nuestros paisanos. De mujeres y hombres que, con su trabajo diario, no sólo sostienen buena parte de la economía estadounidense, sino que también aportan de manera crucial al desarrollo de México mediante remesas, vínculos culturales, y un legado de esfuerzo y dignidad. Ellos han construido desde abajo, sin escándalos, sin violencia, con trabajo honesto. Y es precisamente eso lo que hoy está siendo pisoteado por prácticas inaceptables y contrarias a los principios de cualquier nación que se diga democrática.

La Presidenta Claudia Sheinbaum ha sido clara: México estará con ellos, sin titubeos. Como país tenemos la obligación moral y política de acompañarlos, protegerlos y brindarles herramientas reales para enfrentar cualquier arbitrariedad. Pero también debemos ser enfáticos: la lucha de nuestros migrantes debe seguir siendo por la vía pacífica, como históricamente lo ha sido. La violencia, bajo ningún motivo, puede ser justificada ni asumida como herramienta de protesta.

Por el contrario, se necesita organización, información y unidad. Hay que construir redes legales que los defiendan, espacios de denuncia que visibilicen los abusos, y canales de comunicación donde puedan mantenerse informados y conectados con su tierra. La resistencia pacífica es poderosa, y nuestros migrantes han demostrado una y otra vez que no necesitan caer en la provocación para alzar la voz con dignidad.

Como Pueblo mexicano, nos toca también estar atentos, solidarios y activos. Que nuestros hermanos y hermanas al otro lado de la frontera sepan que no están solos. Que, a pesar de la distancia, su país está con ellos y, que si algún día deciden regresar, encontrarán un México distinto al que los obligó a partir. Un país que avanza, que ha dejado atrás la resignación y que hoy ofrece más esperanza que nunca.

Porque ningún muro, por alto que sea, puede separar el corazón de una nación. Y nuestros paisanos, allá donde estén, siguen siendo México.

 

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