“El chismorreo denigra a una persona, vivir de cuentos tira tu dignidad”; “Si una persona es homosexual y busca a Dios ¿quién soy yo para juzgarlo?”; “No es la institución la que cuenta, sino la misión”. Éstas son algunas de las frases más icónicas de Jorge Mario Bergoglio, Papa Francisco desde 2013, el más reformador y disruptivo líder del Vaticano en los últimos tiempos.
Generó una simbiosis interesante, no solo por ser latino, sino por su clara postura de izquierda, y no porque así se declarase, pero desde su designación fue tajante con su pretensión de mostrar una iglesia pobre, para los pobres; haciendo llamados enérgicos a la austeridad y combatir actos de corrupción.
Sus pensamientos fueron congruentes con sus actos, pues de inicio rechazó vivir en el lujoso palacio apostólico; lavó los pies de prisioneros; denunció abiertamente las arbitrariedades eclesiásticas, creando comisiones para proteger a las víctimas; visitó barrios pobres, tratando como hermana/os al Pueblo católico y también a quienes no compartían su religión; medió el restablecimiento de las relaciones entre Cuba y EUA; reunió a diversos líderes religiosos despertando críticas por involucrarse en temas políticos; vendió regalos caros y rifó las ganancias; promovió una iglesia menos rígida y más humana.
Algunos logros, fueron posibles a través de la promulgación de la Ley (N. CCXCVII) en 2019, que obliga a denunciar los abusos dentro de la iglesia, ante autoridades civiles, advirtiendo una sanción a quien sea omiso o no señale a la autoridad vaticana involucrada, exhortando a colaborar en la investigación, sin proteger al agresor. Reformó el Código de Derecho Canónico, al que se introdujo la pedofilia, específicamente el delito sexual contra menores cometido por sacerdotes, mostrando su repudio a tales hechos; en 2014 estableció la Secretaría de Economía, a fin de centralizar y auditar las finanzas vaticanas, en 2025 anunció la reducción de salarios para los cardenales de la Curia Romana, suspendiendo bonos y asignaciones adicionales, reafirmando que el poder de la Iglesia no está ligado al lujo, sino al servicio.
Abonó en la inclusión de mujeres al equipo de trabajo, primero nombrando a una mujer para dirigir una oficina administrativa, siendo la primera en colaborar dentro del organismo de 70 personas que seleccionan a los obispos, así como participar en el consejo de tan solo 15 integrantes que supervisa las finanzas. También designó a una monja italiana, como presidenta de la Ciudad del Vaticano. Previamente, reconoció que el Vaticano era muy machista, así que permitir a las mujeres integrarse a las labores de la sede transformaría favorablemente los resultados.
También permitió que personas laicas, integrantes del “Pueblo de Dios” de diferente estatus y género participen en la toma de decisiones.
Aun muerto, deja huella, al protagonizar -demasiado pronto- su propia reforma sobre la sepultura: Ordo Exsequiarum Romani Pontificis, un documento que regula el rito fúnebre de un Papa, el cual fue aprobado por Francisco en abril de 2024, donde se eliminó el uso de tres ataúdes, fijando solo uno, pues tradicionalmente, los pontífices eran enterrados en tres ataúdes: uno de ciprés, uno de plomo y otro de roble, que encajaban entre ellos; “Francisco” fue sepultado en un único ataúd, sencillo, de madera revestido de zinc.
Este hombre estaba convencido, como muchos, que un mundo mejor no es aquel que excluye ideologías diferentes, sino aquel que respeta y entiende que no toda/os pensamos y sentimos igual. Cuenta de ello, es una reflexión que compartió con estudiantes universitarios, y les habló de “Los tres lenguajes humanos, de la cabeza, corazón y las manos”, enfatizando que “la armonía entre éstos logra trascender la erudición”; sin duda apostaba por formar mentes no crear seres inanimados o irreflexivos.
Invito a meditar lo siguiente: el Papa, como cualquier jefe de Estado, representa intereses colectivos de gente que confía en sus líderes, para construir en pro del bien común. Acciones como las narradas, no deberían dar pie a monumentos, pero sí al reconocimiento que hoy en el mundo, la sociedad reclama inclusión, está harta de abusos y presuntuosidades.
El siete de mayo próximo, inicia el Cónclave. ¿Qué ideologías imperan en los 133 cardenales? Es tiempo que este delimitado ejercicio electoral exija una democracia de ideales en pro de las luchas y necesidades de cada pueblo que ellos representan; las tareas son arduas, quien llegue a la Santa Sede deberá combatir abusos sexuales, finanzas opacas, guerras y geopolíticas, cambio climático; por decir algunas.
Respetando el Estado laico, no debemos olvidar que la fe también abona en la construcción de la paz y condiciones dignas de vida.




