Ciudad de México a 11 marzo, 2026, 15: 57 hora del centro.
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Contar historias e informar con perspectiva de derechos humanos

Tobyanne Ledesma PP Horizontal

Con mucho entusiasmo y responsabilidad, agradezco la oportunidad de abrir este espacio de reflexión y diálogo. Es el inicio de un lugar para compartir inquietudes, cuestionar lo establecido y provocar nuevas conversaciones. En este vasto mundo digital, donde navegamos entre olas de información, deseo que este rincón se convierta en un punto de encuentro para pensar juntas y juntos, con calma, con profundidad y con sentido crítico.

Quiero comenzar con una reflexión que me ha acompañado desde hace tiempo: ¿cómo podemos insertar la perspectiva de derechos humanos en el ejercicio de informar e informarnos? La respuesta no es sencilla, pero considero urgente plantearla. Todos los días abrimos redes sociales y consumimos todo tipo de contenido; una acción aparentemente rutinaria que ha transformado profundamente la forma en que se genera la información y, sobre todo, cómo vemos y entendemos el mundo que nos rodea.

Sin duda, el flujo de información y la construcción de conocimiento, en general, enfrentan cambios abrumadores en esta era digital. La forma de obtener información ha sufrido un impacto profundo, ya que todo fluye mayor rapidez en diversos canales de distribución.

En este escenario saturado de noticias, imágenes, opiniones y datos, el reto ya no es solo contar lo que ocurre, sino preguntarnos cómo se cuenta y desde dónde se mira. Informar desde una perspectiva de derechos humanos va más allá de narrar hechos: implica reconocer las desigualdades estructurales que atraviesan nuestras sociedades y colocar en el centro a las personas y comunidades que han sido históricamente silenciadas o excluidas. No se trata simplemente de “dar voz”, porque esas voces siempre han estado ahí, sino de generar espacios donde puedan ser reconocidas con legitimidad, dignidad y fuerza.

Un ejemplo claro de esta necesidad es la cobertura sobre las poblaciones afromexicanas. Si bien hoy están reconocidas en nuestra Constitución como sujetas de derechos, en la práctica cotidiana siguen enfrentando múltiples formas de desigualdad y racismo estructural, una prubela es la manera en que se habla de estas poblaciones en medios de comunicación o redes sociales muchas veces carece de una perspectiva de derechos: se reproducen estereotipos, se ignoran sus aportes, o simplemente se les borra del relato nacional.

Informar con enfoque de derechos humanos implica, entre otras cosas, nombrar sin estigmatizar, visibilizar sin exotizar y reconocer la diversidad sin diluirla. Significa también destacar la magnitud y riqueza de la presencia afrodescendiente en México, no solo como una cuestión estadística, sino como una dimensión esencial de nuestra historia, identidad y futuro. De acuerdo con Naciones Unidas, más de 200 millones de personas afrodescendientes viven en el continente americano, y México no es la excepción: 2,576,213 personas se reconocen como afromexicanas, lo que representa el 2% de la población nacional.

Una cobertura informativa incluyente no solo responde a una deuda histórica, sino que también genera conocimiento valioso, empodera a las comunidades y promueve una sociedad más justa. Al visibilizar la experiencia afrodescendiente en el tejido social de México, se contribuye a fortalecer la participación ciudadana y a garantizar que los derechos se ejerzan plenamente.

Afortunadamente, existen proyectos que resisten y transforman. Medios y plataformas que han decidido hablar de lo que muchas veces se oculta: el racismo, la exclusión, la violencia simbólica y material que enfrentan las personas afrodescendientes. Hablar de este tipo de periodismo es también hablar de responsabilidad, de ética, de memoria y de justicia. Y en un contexto donde los discursos de odio y la polarización están a la orden del día, informar con enfoque de derechos humanos es, sin duda, un acto político.

Todas las personas merecen ser informada, con una perspectiva derechos humanos que cuando se despliega con convicción, se convierte en una fuerza catalizadora: permite conectar la información con la acción, y brinda a las comunidades herramientas para exigir sus derechos. También permite una lectura crítica del poder, abriendo posibilidades para transformar nuestras realidades. La manera en que nombramos a las personas importa: las palabras construyen realidades. La generación de información debe reflejar la diversidad de la población y evitar cualquier forma de exclusión o discriminación.

Por eso, la construcción de un modelo informativo con perspectiva de derechos humanos representa una oportunidad urgente: una forma distinta, incluyente y sensible de contar lo que somos, que respete la dignidad de todas las personas, que promueva la diversidad y que conecte con la vida cotidiana de quienes leen, ven o escuchan.

 

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