Durante décadas, millones de personas en todo el mundo han luchado para construir puentes donde otros sembraron muros. Se ha trabajado por el entendimiento, el respeto entre naciones y la dignificación de quienes históricamente han sido excluidos. Sin embargo, hay quienes han hecho del odio su bandera, del racismo su plataforma, y de la mentira su estrategia. Uno de ellos es Donald Trump.
La política del odio no es algo nuevo, pero pocos la han encarnado con tanta desfachatez como el Presidente estadounidense Donald John Trump. Cada palabra que pronuncia, cada discurso que grita desde los templos del poder busca lo mismo: dividir, infundir miedo, criminalizar la diferencia. Lo ha hecho con nuestras hermanas y hermanos migrantes, lo ha hecho con las comunidades latinas, contras las mujeres, y lo ha hecho incluso con su propio Pueblo, promoviendo el rencor y la confrontación por encima del diálogo y la paz.
En México sabemos lo que significa vivir bajo el yugo de una política que excluye. Durante años fuimos testigos de cómo el neoliberalismo no solo vació nuestros bolsillos, sino también nuestras esperanzas. Por eso democráticamente hemos elegido un nuevo rumbo, abrazando la Cuarta Transformación. En México sabemos de primera mano que otra forma de gobernar es posible, una política que escuche, que entienda, que construya, que no necesite del miedo para movilizar a las mayorías.
Donald Trump representa justo lo contrario. Su discurso busca culpar a los más pobres de los males de los poderosos. Pretende que el Pueblo se divida entre «nosotros» y «ellos», entre los «legales» y los «ilegales», los «ciudadanos» y los «invasores». Este tipo de lógicas solo benefician a quienes quieren seguir gobernando desde la mentira y la injusticia.
Lo más grave es que esa narrativa ha encontrado eco en sectores de la política estadounidense, que han olvidado que la política debe ser un ejercicio de servicio, no de confrontación y persecución. Se han aliado a las voces que criminalizan a los migrantes, a las mujeres organizadas, a los jóvenes, y a los Pueblos indígenas. Lo hacen por conveniencia electoral, aunque saben que están traicionando lo más básico, la dignidad humana.
Tristemente, esta narrativa de odio no sólo encuentra eco en los Estados Unidos. También ha permeado en nuestro país, en los mismos políticos conservadores de siempre, aquellos que simulan patriotismo mientras aplauden las políticas de Trump, intentando sacar beneficio político de esta situación. Aprovechan el dolor de nuestras comunidades en el exterior para golpear al gobierno de México, sin importarles realmente la vida o la dignidad de nuestros migrantes. En lugar de cerrar filas en defensa de nuestra soberanía y de nuestra gente, buscan votos entre los escombros del miedo, demostrando que su ambición es más grande que su compromiso con el Pueblo. Llegando al extremo de rechazar y descalificar las políticas y programas propuestos en su momento por la Presidenta Claudia Sheinbaum para garantizar un retorno seguro, digno y voluntario de las y los migrantes ante la crisis provocada por el discurso de odio en Estados Unidos.
En México, desde este proyecto de Transformación que nos une, debemos alzar la voz con fuerza y claridad: ‘‘el odio no es política, es violencia disfrazada’’. Nunca normalicemos la política del odio y el terror. No podemos permitir que el miedo se convierta en la moneda de cambio político-electoral. No podemos dejar que quienes huyen de la pobreza o de la violencia, sean recibidos con balas, gas y centros de detención.
Frente al odio, nuestra respuesta debe ser organización. Frente al racismo, debe ser dignidad. Y frente al desprecio, debe ser fraternidad. Porque como lo dijo el ex Presidente Andrés Manuel López Obrador: el amor con el que lucha el Pueblo es más fuerte que el odio con el que gobiernan las élites.
Hoy, más que nunca, es necesario recordar que las transformaciones verdaderas no se construyen sobre el miedo, sino sobre la esperanza.
A todas y todos nuestros hermanos migrantes, les decimos con el corazón en la mano: no están solos. Desde México, millones alzamos la voz para defender su dignidad y exigir respeto. Su lucha, su trabajo incansable y su valentía nos inspiran todos los días. Frente a la violencia política y el odio disfrazado de poder, respondamos con unidad, con amor por nuestras raíces y con la certeza de que la Transformación también es para ustedes. Vamos a seguir construyendo puentes, no muros. Vamos a seguir luchando por un mundo donde migrar no sea un delito y donde la justicia tenga rostro de Pueblo.





