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Cuando el proyecto avanza, los zopilotes revolotean

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Vivimos en una época de la posverdad, ya no importan los hechos sino lo que se dice de ellos por parte de la opinión pública y la opinión publicada en términos de lo que Habermas analizaba sobre la comunicación y la democracia en Historia y Crítica de la Opinión Pública (1962). La verdad objetiva de algo que sucede en concreto pasa a segundo término en una era dónde la inmediatez es una regla. En la comunicación el tiempo es vital, y mientras más rápido se conozca algo mejor; pero ya no pesa el hecho en sí mismo, sino lo que se dice de él. Es allí dónde operan aquellos que tienen el control de la denominada mass media.

En México nos encontramos viviendo momentos de ajuste en los caminos de construcción del Segundo Piso de la Cuarta Transformación. Hay cambios en la operatividad del gobierno, no así del objeto: un país con bienestar generalizado. En todo gobierno es sano saber virar los timones cuando es necesario, siempre y cuando los objetivos sean claros. Ante dicha situación, los comunicadores tradicionales no dan pie a la duda, y construyen el discurso de la posverdad.

Lo importante, por ejemplo, ya no es lo que dice Julio Scherer en su libro, sino lo que opinan propios y extraños de lo que menciona: ¿a quién hizo enojar?, ¿con quién queda bien?, ¿a quién ventila?, etc.; no importan los hechos sobre la baja de delitos de alto impacto a nivel federal, sino la nota roja que los medios replican toda semana, siendo esta la misma nota; no importa el escepticismo de las generaciones más jóvenes (familias jóvenes) sobre la aplicación de las vacunas o las arduas campañas de vacunación actuales para reducir los contagios de un brote de sarampión en América del Norte, sino la falta de vacunas en el sexenio pasado; u otro ejemplo, no importan los contenidos de los libros de texto, sino el espectáculo mediático con el que se despide a un funcionario público.

Los medios de comunicación tradicionales, refiriéndome al oligopolio televisivo de Televisa y TV Azteca, quienes no han sido beneficiados por los gobiernos actuales en materia de contratos, etc., controlan ese discurso de la posverdad, y en una época de rectificaciones y avances del gobierno encabezado por Claudia Sheinbaum dejan ver su naturaleza manipuladora, parece ser una temporada de zopilotes.

A esa lista se suman los comentaristas “damnificados” por la falta de contratos: Pedro Ferriz, Alazraki, Loret de Mola, Brozo, etc., todos ellos intentando colocar una narrativa oscurantista sobre la realidad nacional, misma que tiene sus propios problemas, pero que no concuerdan con el imaginario que intentan colarnos.

Para esta comentocracia, México es una dictadura, se encuentra inmerso en el “comunismo” o predomina la delincuencia organizada sobre el Estado, lo cual es, por decir lo mínimo una aberrante exageración. No es negar los problemas que tiene nuestro país, pero la forma en que lo comunican crea un percepción adversa al fondo del asunto, que es que este país se mueve y está trabajando por consolidar un modelo político democrático con una fuerte política social permanente.

Al cimbrarse las estructuras mismas de las instituciones del Estado mexicano en el que se encontraba el país, es hasta cierto punto entendible que los grandes problemas nacionales salgan a flote más de lo “normal”, por así decirlo, pues no todo operaba de la mejor manera.

Y sale a flote por el hecho de que se están realizando esfuerzos por modificar esas instituciones y colocarlas en una lógica de beneficio para la población mexicana, desde luego con un énfasis importante en las poblaciones más afectadas por la desigualdad y la falta de oportunidades para el desarrollo.

Realmente, observamos un gobierno que intenta llevar mejor calidad de vida a la gente, generando infraestructura, procurando la tranquilidad de los capitales invertidos en México, manteniendo una política de protección a la clase trabajadora, etc. Allí están las obras que se están realizando en el oriente del Estado de México, supervisadas por el INAFED, o las negociaciones que se tienen con Estados Unidos frente a la revisión del T-MEC en un ambiente adverso al país, o los aumentos salariales para los trabajadores mexicanos.

A ello se le pueden sumar otras políticas y rutas que buscan equilibrar las brechas de desigualdad que aún existen en México.

Cuando se agitan los zopilotes hay que mantenerse firmes procurando el fondo del proyecto político para el país: un país justo, democrático, libertario, igualitario; aunque a veces a muchos no agraden las medidas, hay que revisar a quienes se beneficia en el fondo y eso nos brindará solidez para abordar las tareas subsecuentes. El gobierno avanza, y hasta ahora no ha dejado en la indefensión a la población, al contrario, busca crear un Estado que esté a su servicio.

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