Hablar del derecho al trabajo digno en México es hablar de una de las más profundas conquistas sociales de la Cuarta Transformación. Durante décadas, los gobiernos neoliberales condenaron a millones de trabajadoras y trabajadores a la precariedad con salarios miserables que no alcanzaban ni para cubrir la canasta básica, outsourcing abusivo que despojaba de derechos elementales, sindicatos sometidos al poder económico y pensiones saqueadas para alimentar la voracidad de los grandes capitales. Esa fue la herencia de más de treinta años de neoliberalismo, un país donde trabajar no garantizaba vivir con dignidad. Donde tener un empleo no era sinónimo de seguridad, sino de explotación.
Frente a ese panorama de injusticia, la Cuarta Transformación encabezada por Andrés Manuel López Obrador y ahora por la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha emprendido una verdadera revolución laboral. Porque no se puede hablar de democracia sin justicia social, y no hay justicia social sin trabajo digno.
Uno de los logros más evidentes es el fortalecimiento del salario minimo. Durante el periodo neoliberal, los salarios fueron condenados a la miseria, de 1976 a 2018, el poder adquisitivo cayó más del 70%. La oposición neoliberal afirmaba que aumentar el salario provocaría inflación, y bajo ese dogma mantuvieron a millones de mexicanas y mexicanos en condiciones de pobreza laboral. Hoy la realidad es otra, desde 2019 y hasta 2025, el salario mínimo ha aumentado más del 110% en términos reales. En la frontera norte, donde antes se explotaba a la clase trabajadora con sueldos de hambre pese al dinamismo económico, el salario mínimo ha crecido más del 200%. Gracias a ello, 10 millones de trabajadoras y trabajadores mexicanos han visto directamente mejorado su ingreso. Por primera vez en décadas, el salario mínimo ya es suficiente para cubrir la canasta básica. Esto no es un logro menor, es justicia social.
Otra de las grandes batallas ganadas por la 4T fue la eliminación del outsourcing abusivo, ese mecanismo que utilizaban las empresas para evadir responsabilidades patronales. Bajo ese esquema, millones de trabajadoras y trabajadores eran contratados por intermediarios que los dejaban sin seguridad social, sin derecho a antigüedad, sin reparto de utilidades y sin estabilidad laboral. La reforma laboral impulsada por la 4T acabó con esa simulación. Miles de trabajadoras y trabajadores fueron reconocidos por sus verdaderos patrones y reinstalados en nómina directa, con acceso pleno a prestaciones y derechos. Para estas personas el reparto de utilidades, que antes era una burla, aumentó en más del 100% en promedio, porque ahora se reparte de manera justa entre quienes generan la riqueza.
El compromiso con el derecho al trabajo digno no se limita a corregir los abusos del pasado. Hoy se piensa en el futuro del empleo. La presidenta Claudia Sheinbaum ha anunciado que el eje de su gobierno será la prosperidad compartida, con una política laboral que profundice lo logrado, seguir aumentando el salario mínimo hasta alcanzar niveles de bienestar general, consolidar la formación y capacitación laboral con perspectiva tecnológica y de género, y garantizar que la transición energética y la relocalización de inversiones (nearshoring) se traduzcan en empleos de calidad, con derechos y con respeto al medio ambiente. La Cuarta Transformación está construyendo un nuevo paradigma laboral, ya no más trabajadores pobres en un país rico.
También es importante subrayar que el derecho al trabajo digno forma parte de la soberanía nacional. Cuando desde el extranjero, particularmente desde Estados Unidos, se nos quiere imponer cómo organizar nuestras relaciones laborales, lo que en realidad buscan es proteger los intereses de sus empresas y capitales, no los derechos de nuestras y nuestros trabajadores. Defender el trabajo digno en México es defender nuestra soberanía, nuestra independencia económica y la dignidad de nuestro pueblo.
Los avances son innegables, aumento histórico del salario mínimo, eliminación del outsourcing, libertad sindical, reparto justo de utilidades, ampliación de derechos laborales. Todo esto es fruto de un cambio de rumbo, de un proyecto que pone en el centro al pueblo trabajador, no a las élites económicas. La Cuarta Transformación demuestra que no hay modernidad sin justicia. Que el progreso no puede medirse solo en cifras macroeconómicas, sino en la vida cotidiana de las y los trabajadores. Hoy México avanza hacia un horizonte donde el derecho al trabajo digno deja de ser una aspiración abstracta para convertirse en una realidad palpable. Esa es la esencia del proyecto humanista y transformador que el pueblo eligió y seguirá defendiendo, un país donde trabajar sea sinónimo de vivir con dignidad.




