En los últimos días, la fuerza de la naturaleza volvió a poner a prueba la fortaleza del Pueblo mexicano. Las lluvias torrenciales en Veracruz, Puebla, Hidalgo, San Luis Potosí y Querétaro han dejado a su paso daños materiales, caminos interrumpidos y familias que hoy enfrentan la difícil tarea de reconstruir.
Pero también han mostrado una diferencia fundamental en la forma en que el Estado mexicano responde ante la tragedia. Como ejemplo, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo acudió personalmente a Huauchinango, Puebla, uno de los municipios afectados, no para tomarse la foto, sino para informar, coordinar y acompañar. En el terreno, junto a la gente, supervisó la aplicación de los protocolos de atención y la acción conjunta de las Secretarías de la Defensa Nacional y de Marina, así como de los gobiernos estatal y municipal.
No se trató de una visita simbólica, sino de una presencia efectiva, 3 mil 300 elementos desplegados, 18 embarcaciones, seis helicópteros, tres plantas potabilizadoras, tres aviones, cocinetas móviles y miles de despensas listas para distribuir. Es decir, una respuesta integral y técnica, que prioriza salvar vidas y restaurar condiciones de dignidad, no sólo repartir cobijas y promesas.
Esa es quizá una de las mayores transformaciones que trajo consigo la Cuarta Transformación, la empatía dejó de ser discurso y se volvió organización. Hoy el Estado no llega tarde ni vacío; llega con equipos, con estrategia y con presencia real.
Porque frente al dolor de un pueblo, la solidaridad no se improvisa, se construye con responsabilidad, coordinación y cercanía. Y en eso, la presidenta Sheinbaum ha demostrado que la sensibilidad también puede ser firme y eficiente.
Y a los extraterrestres, primero investiguen, después opinan.




