“Es un día nublado, me asomo por la ventana y veo desde ahí que hay un poco de tráfico en la avenida principal. me doy prisa porque debo llegar al trabajo a las 9:00 am. abro la cochera y de camino el tráfico se vuelve más denso y tenso, me pregunto entonces ¿qué estará pasando? si normalmente no hay tráfico en la mañana. al llegar al trabajo, me encuentro con un grupo de vecinos manifestándose con carteles y gritos, ¿el motivo de la protesta? rechazan la estadía de personas migrantes que habían llegado apenas unos meses atrás. señalan su presencia en los distintos locales de la demarcación, ya sea atendiendo los negocios, cosechando, peinando en las estéticas, preparando comida o, en particular, sosteniendo el trabajo cotidiano que da vida a la comunidad. es ahí cuando me doy cuenta de que las personas migrantes habían estado aquí todo el tiempo, en silencio, trabajando, compartiendo su cultura y su esfuerzo. habían estado entre nosotros pero no las vimos. fueron invisibles hasta que el prejuicio las volvió un blanco”.
Anónimo
En los últimos años la política internacional ha estado definida por una notable incertidumbre debido a los cambios constantes que se han suscitado en el mundo, ejemplo de ello es la guerra entre Rusia y Ucrania, el conflicto y crisis humanitaria de Israel-Palestina, o la crisis migratoria y climática, cuyas repercusiones se han manifestado con fuerza en lo local. Esto sin contar los problemas de inestabilidad política que se atraviesa en distintos países. Si bien estas problemáticas suelen abordarse desde los gobiernos nacionales, sus efectos recaen muchas veces, sobre los municipios.
Es un hecho que el mundo entero está cambiando, y los problemas internacionales hoy trascienden la esfera diplomática. Por esta razón y en la medida de lo posible, los gobiernos locales deben estar preparados para enfrentarlos eficazmente, pues sus consecuencias se perciben cada vez más en las calles, incrementando la presión social y teniendo efectos directos en las comunidades. Un ejemplo de ello es la migración, cuyo carácter es dinámico y multipolar, provocada muchas veces por el desplazamiento forzado, la persecución política o desastres naturales (CEPAL, 2018) y en la que las personas en situación de vulnerabilidad arriban a un lugar sin que, en la mayoría de las veces, exista una planeación estructurada ni recursos suficientes para su atención.
Se trata entonces de encontrar soluciones a estos efectos, que, como se menciona al inicio, comúnmente son abordados desde lo nacional, muchas veces no son contemplados oportunamente dado su nivel de premura e incertidumbre, y se puede recurrir también a otras vías efectivas de primera instancia.
En primer lugar, la necesidad urgente de que existan planes de contingencia que sean capaces de abordar las crisis en los territorios que se encuentren en estado de alerta. Generalmente, los presupuestos asignados a los municipios se destinan exclusivamente a partidas presupuestales de servicios, mantenimiento, materiales, y, en general, a las áreas rutinariamente asignadas. De ahí que, en la mayoría de los casos no existe una partida presupuestal para afrontar crisis derivadas de fenómenos internacionales. La ausencia de estos mecanismos financieros y de coordinación intergubernamental limita severamente la capacidad de respuesta de los gobiernos locales ante estos impactos globales que, eventualmente, sí se manifiestan en ellos, ya sea en menor o mayor medida.
En segundo lugar, se trata de reforzar la gobernanza multinivel en las redes entre ciudades y municipios como nuevos actores. La cooperación internacional descentralizada puede ser efectiva en un entorno adverso, y en específico, según Grasa & Cano (2013) las redes entre ciudades promueven la cooperación técnica y el aprendizaje de políticas públicas (policy learning) entre sus miembros, facilita la adaptación de éstos al entorno político y normativo internacional, y de este modo organiza la participación responsable de las autoridades locales, con sus propias competencias, en los sistemas de la gobernanza global.
Estos mecanismos pueden ser muy útiles para afrontar de manera más efectiva los impactos que puedan llegar a tener los acontecimientos internacionales, y aunque puede llegar a ser difícil implementarlos (como en el caso de un conflicto armado), las redes de ciudades entre organismos y actores pueden ser alterativas para la cooperación internacional que traspasa fronteras y crea apoyo comunitario.
En conclusión, deben articularse mejores mecanismos internacionales con los gobiernos locales. Esto implica no solo el reconocimiento de estos como actores estratégicos en la gestión de las crisis globales, sino también su inclusión en las mesas de toma de decisiones, el fortalecimiento de sus capacidades institucionales y la asignación de recursos suficientes para enfrentar desafíos que, a pesar de tener causas globales, los afectan de manera directa.





