Ciudad de México a 5 marzo, 2026, 9: 03 hora del centro.
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Cuauhtémoc: Alessandra y Sandra, el clon ideológico antichilango

postal PP horizontal Ricardo Peralta

Por: Ricardo Peralta Saucedo

¡Ay, Cuauhtémoc, qué mala suerte la tuya! Primero, te tocó la ”doctorante y empresaria” Sandra Cuevas, esa diva de la uniformidad urbana que decidió que los rótulos coloridos de los puestos de tacos y tortas eran un “atentado contra el buen gusto, nacos” … Y ahora, Alessandra Rojo de la Vega, su clon ideológico antichilango, llega a “mejorar” el Jardín Tabacalera quitando las estatuas de Fidel Castro y el Che Guevara. ¿Coincidencia? No, señores: es la misma receta desde el poder, servida con una guarnición de amnesia cultural y un toque de anti-mexicanismo que haría sonrojar a cualquier taquero de la colonia Roma. Son antichilangas, divas en la burbuja “cuasi hipster”.

Empecemos por lo fresco, porque la memoria corta es el superpoder de estas alcaldesas. Alessandra, con su sonrisota de campaña y la excusa de “quejas vecinales y procedimientos irregulares”, mandó retirar las efigies de dos íconos revolucionarios que, ¡sorpresa!, se conocieron justo ahí, en la Tabacalera, en 1955. Imagínense: Fidel, huyendo de la dictadura de Batista tras el asalto al Moncada en 1953, llegó a México como exiliado

Aquí, en nuestra tierra hospitalaria, conoció al Che –ese argentino errante que trabajaba de fotógrafo y médico– en una charla maratónica orquestada por Raúl Castro. Juntos, forjan el Movimiento 26 de Julio, entrenan en ranchos mexiquenses, compran armas y hasta organizan un mitin en Chapultepec. Pero en 1956 la policía los detiene por “sospechas guerrilleras”. ¿Quién los salva? Lázaro Cárdenas, el expresidente que encarnó el mexicanismo puro: solidaridad con los oprimidos. Liberados, zarpan del Granma desde Tuxpan, Veracruz, y nace la Revolución Cubana en 1959, que inspira luchas en toda Latinoamérica.

México, aunque así lo crean las alcaldesas, no fue un Airbnb temporal para estos tipos; fue el útero de una gesta que desafió al imperialismo yanqui. Durante la Guerra Fría, mientras EU apretaba con embargos, México mantuvo lazos con Cuba, incluso en la Crisis de los Misiles de 1962, defendiendo la Doctrina Estrada: no intervención y soberanía. Eso nos posicionó como faro de independencia en el continente, inspirando a sandinistas en Nicaragua, al FMLN en El Salvador y a las guerrillas en Colombia. Globalmente, Castro y el Che simbolizaron la rebeldía anticapitalista, apoyando las descolonizaciones en África.

Quitar sus estatuas no es “limpiar un jardín”; es un acto de iconoclasia ignorante, Alessandra piensa que toda la historia es un meme que se borra con un clic.

Y ahora, la comparación que duele: Sandra Cuevas, su predecesora, hizo lo propio en 2022 con los rótulos de los puestos callejeros. Esos dibujos vibrantes –tortas gordas, tacos humeantes, colores chillones que gritan “¡México vivo!”– eran arte popular chilango, herencia de la gráfica vernácula que hace única a nuestra ciudad. Pero no: Sandra, en su afán por “homologar la imagen urbana”, los mandó borrar para imponer su feo logo personal, como si la Cuauhtémoc fuera una marca chafa de moda. “Todos estuvieron de acuerdo”, dijo ella, defendiendo el despojo con la arrogancia de quien confunde cultura con decoración de canva. Artistas y vecinos protestaron: “¡Es el alma de la calle!”, mientras los puestos quedaban grises y aburridos, como los intentos hipsters a los bellos mercados públicos y tianguis. Algunos rótulos regresaron gracias a campañas ciudadanas, pero el daño estaba hecho: una alcaldesa borrando el mexicanismo que aún no entienden.

El patrón es el mismo, desde el pedestal de 10 cm de poder, actúan como curadoras de museo con título de posgrado en TikTok. Frivolidad rampante: Alessandra ignora que México fue cuna de revoluciones ajenas, simbolizando nuestra tradición de asilo y solidaridad –de Hidalgo a Trotsky–. Sandra, por su parte, desprecia el arte callejero que define nuestra identidad mestiza, ese caos colorido que es más mexicano que el mariachi en Garibaldi. ¿Cultura? ¿Mexicanismo? Para ellas, parece un estorbo, un “desorden” que hay que pulir para que quepa en su visión cosmopolita de pacotilla. Sarcasmo aparte: ¿qué sigue? ¿Quitar el Ángel de la Independencia porque “molesta el tráfico”? ¿Lotificar el Zócalo para un centro comercial? O mejor aún aplanar los murales de O’Gorman de la Biblioteca Central de CU. O quizá entubar Xochimilco. Así su visión de la ciudad.

Esta dupla de alcaldesas idénticas encarna el peor virus de la política: la frivolidad e insensibilidad disfrazadas de modernidad. Mientras borran historia y tradición, nos roban el alma colectiva.

Los miles de likes deberían ser de empatía y mesura. Cuauhtémoc, la CDMX y México merece patriotas, mexicanas y mexicanos con libros en la cabeza desprovistos de egocentrismos de Pinterest.


@Ricar_Peralta
Abogado y maestro en Derecho por la UNAM, especializado en justicia, seguridad y anticorrupción. Profesor en la Facultad de Derecho (10 años) en temas penales. Ha sido Subsecretario de Gobierno (SEGOB), Director General de Aduanas y Director en PGR, además de Director Jurídico en Grupo Autofin (11 años) y consultor en inteligencia y contraterrorismo. Columnista con más de 300 artículos en medios nacionales, conferencista sobre anticorrupción y comentarista en temas de justicia. Formado también por la Policía Nacional Francesa en investigación judicial.

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