Las fiestas decembrinas nos recuerdan que cuidar no es solo una tarea doméstica ni un gesto de amor privado. Quienes hemos cuidado sabemos que cuidar la vida también es hacer política. Las madres que cuidan horas y madrugadas sin dormir, en las jornadas que no terminan, las dobles jornadas, la preocupación constante por hijas, hijos, personas enfermas o adultas mayores. Está en ese trabajo cotidiano que casi nunca se nombra, pero que sostiene hogares, comunidades y, en realidad, a todo el país. Y ese trabajo lo han hecho históricamente las mujeres.
Mientras el discurso económico habla de productividad, crecimiento y mercado, millones de mujeres garantizan todos los días que la vida siga funcionando. Sin cuidados no hay fuerza laboral, no hay economía y no hay bienestar. Sin embargo, este trabajo esencial sigue siendo invisible, no remunerado y socialmente desvalorizado, como si fuera una obligación “natural” y no una responsabilidad colectiva.
Los datos del INEGI lo confirman con claridad. En México, las mujeres dedicamos en promedio casi 40 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, más del doble que los hombres. Este trabajo representa cerca del 24 % del PIB nacional. Dicho de otro modo casi una cuarta parte de la riqueza del país se sostiene sobre un trabajo que no se paga, no se reconoce y no genera derechos. No es una exageración decir que la economía mexicana descansa sobre el tiempo y el cuerpo de las mujeres.
Desde una mirada de izquierda, esto no es un asunto privado ni una elección individual, es una injusticia estructural. Los cuidados son políticos porque revelan cómo se distribuye el poder, el tiempo y la carga de sostener la vida. Por eso, hablar de un Sistema Nacional de Cuidados no es hablar de asistencia, sino de justicia social, igualdad sustantiva y derechos. Es reconocer que el bienestar no puede seguir dependiendo del sacrificio silencioso de las mujeres.
En este contexto, el gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum ha colocado los cuidados en la agenda pública, reconociendo una deuda histórica. Programas como la Pensión Mujeres Bienestar y el fortalecimiento de servicios de cuidado infantil son pasos importantes. Aun así, el reto sigue siendo enorme, transformar de fondo un modelo que normalizó que las mujeres cuidaran todo, siempre y solas.
Cuidar la vida no puede seguir siendo una carga casi exclusiva de las mujeres. Los cuidados no son un destino biológico ni un mandato moral femenino, son una responsabilidad social. Le corresponden al Estado, pero también a los padres, hermanos, hijos, familias y comunidades. Hoy, el gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum avanza en colocar los cuidados en el centro de la agenda pública, reconociendo una deuda histórica con las mujeres. Aún falta camino por recorrer, pero asumir que los cuidados son políticos es el primer paso para construir un país más justo, donde cuidar la vida sea un compromiso colectivo y una tarea de todas y todos.





