Cultura de la cancelación y amplitud de movimientos sociales

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Cultura de la cancelación y amplitud de movimientos sociales

Por Sofía Lameiro | lunes, 21 de septiembre del 2020.

La cultura de la cancelación se ha intensificado últimamente entre los movimientos sociales, especialmente en espacios de la izquierda. Lo hemos visto en las redes sociales, en los espacios de organización y en el debate público.  

Por una parte, ha servido para regular ciertas actitudes normalizadas que muchos y muchas consideran que albergan malas prácticas, tradiciones que son dañinas para la convivencia social, que no se adaptan con la lógica de cambiar problemas estructurales o incluso denuncias sociales ante una incapacidad del Estado por hacer justicia. 

Esto ha servido para potenciar los costos sociales o políticos ante valores que ya no son toleradas en un horizonte de cambios sociales. Todo esto ha sido positivo en cierto sentido. Ejemplos como el #metoo nos demuestran que las mujeres no están solas al momento de denunciar violencia machista en espacios donde normalmente sería difícil hacerlo solas; las denuncias de personas machistas, clasistas o racistas han traído nuevos debates en la conversación pública. 

Creo que la condena social tiene un valor político muy importante en la democracia para identificar y regular aquello que está permitido y lo que no, al igual que se encuadra en el debate público los valores sociales que consideramos positivos en una democracia. Por mucho tiempo, la condena social ha funcionado como regulador y es, sin duda, renovador que los valores que ahora se ponen en alto tengan un parámetro mucho más inclusivo, democrático y justo, a diferencia de lo que antes podríamos haber tenido en contextos más conservadores. 

Por otro lado, también ha tenido un contra efecto en los movimientos sociales. Muchas veces se ha utilizado este tipo de denuncias y mecanismos para mentir, otras veces para demostrar una incapacidad por lidiar con equivocaciones o con identificar cuando hay diferencias políticas, sociales o incluso personales. 

Lo digo pensando en fenómenos específicos de la izquierda, como la capacidad por trabajar con quienes uno puede tener ciertas diferencias conceptuales o incluso personales, pero que el objetivo común une. 

Me parece que este tipo de fenómenos se acrecientan en los movimientos sociales que se organizan en el contexto neoliberal, cuando la sociedad ha exacerbado la individualidad y muchas luchas sociales se han convertido en elementos identitarios personales o de ciertos grupos, mientras se deja de lado el valor colectivo y de cambio estructural que debería enfocar sus esfuerzos políticos, no sólo en la cultura o en ciertos elementos, sino en el papel del Estado, del modelo económico o incluso de ciertas instituciones sociales. 

Parte de la participación y organización política involucra a las masas (o al menos ese es el sentido de quienes nos consideramos demócratas), por ello es importante saber lidiar con la diferencia, pues la sociedad y las personas ante cambios sociales conllevan un proceso de adaptación que debe ser entendido por todos y todas. Por eso identifico que las luchas populares tienden a ser más exitosas que algunos movimientos de izquierda o social que no han logrado aglutinar a la colectividad entorno a sus objetivos. 

Hay un ejemplo claro en el feminismo, cuando ciertas corrientes u organizaciones políticas que se identifican con el feminismo son incapaces de hacer que sus ideas converjan con las de otros movimientos sociales, organizaciones políticas o colectivos si no es bajo sus propios términos y condiciones. 

Así, muchas veces, hemos visto una falta de empatía ante otras causas sociales porque su capacidad de organización se enarboló bajo ciertas condiciones, porque se han estructurado con prioridades diferentes o porque su capacidad de discurso fue constituida de otra forma. 

Tal es el caso de algunos eventos que involucraron a sectores del movimiento feminista con colectivos de familiares de desaparecidxs o con colectivos de la comunidad trans. * 

Con esto no me quiero decir que no se deban enaltecer valores sociales, democráticos y de justicia que los movimientos sociales quieren reivindicar y que se consideran positivos en la democracia o en el debate público. Sí quiero expresar que hace falta revisar para qué fin y en qué contexto utilizamos la condena social, la rivalidad y la división en la política. 
 

*No todas las corrientes, organizaciones o el movimiento feminista han caído en esto. Pero las resalto porque son ejemplos directos y frescos. 

Por Sofía Lameiro | lunes, 21 de septiembre del 2020.

Sofía Lameiro

Licenciada en Ciencias Políticas y Gestión Pública por la Universidad de Guadalajara. Militante de Morena, participó en la organización de la estructura de defensa del voto, colaboró en la Red por la Paridad y la Igualdad en Jalisco y ahora es Servidora de la Nación en Guadalajara.

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